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PENSAMIENTOS DEL MAESTRO ÁVILA

Día primero

Oración inicial

San Juan de Ávila. Sermón 49. Infraoctava del Corpus

«Señor mío, ¡cuántos milagros hiciste en este mundo,
cuántos muertos resucitaste, cuántos cojos sanaste,
a cuántos ciegos diste lumbre,
a cuántos sordos diste oídos!
Ves aquí un muerto
que no tiene más que la lengua de vivo;
aplica en mí lo que padeciste,
ayuda a mi flaqueza, alumbra mis ojos,
haz que oigan mis oídos tus palabras de vida,
despierta mi alma de tan profundo sueño,
haz que mi corazón oiga tus palabras,
de tu dulzura da gusto a mi paladar
y haz que pierda el sabor que toma de mis pecados.»

Carta 24. A una señora monja atribulada

Si a Dios tenéis, dondequiera os irá bien

«No se aduerma en vos la fe en Cristo, que Él no dormirá para vuestro remedio. Pruebas son éstas que Él suele hacer a quien ama para probarlos si le aman entre los trabajos y confían en Él entre los peligros. Si de una vez os fiaseis de Dios y os ofrecieseis a Él, no habría cosa que os espantase; de la poca confianza nace la turbación, y por eso decía el Señor: No se turbe vuestro corazón ni tema; creéis en Dios; pues creed en mí (Jn 14, 1). De manera que la fe es sosiego del corazón. No son, hermana, grandes nuestros trabajos, mas es pequeño nuestro amor. Esto tomad por señal: si tenéis poco amor, que os pesarán mucho los trabajos; y si mucho amor, ni aun miraréis en ello. Todas las cosas podréis en Él. Si a Dios tenéis, dondequiera os irá bien; y si no, dondequiera os irá mal.»

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