“Valentía, fuerza y el arrojo para una nueva evangelización”

Monseñor Demetrio Fernández

Queridos hermanos:

En esta fiesta grande de San Juan de Ávila y todavía en el contexto del Año Jubilar al cumplirse 450 años de su muerte, de su tránsito al cielo, este año sería uno más, pero estamos dentro de este Año Jubilar para dar gracias a Dios por este Santo tan grande, Doctor de la Iglesia Universal. En esta fiesta, aquí junto a su sepulcro, adquiere especial valor acudir a su intercesión. San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo, provincia de Ciudad Real. Allí se conserva su casa, su cueva, su parroquia, los lugares de su vocación y del comienzo de su vida. Estuvo en Salamanca, en Alcalá, donde inició los estudios ya propiamente eclesiásticos, y en Sevilla camino de las misiones, donde fue retenido y se convirtió de esta manera en el Apóstol de Andalucía; predicó en Écija y en muchos lugares sevillanos, y vino a parar a la diócesis de Córdoba, donde es clericus cordubensis, por un beneficio pequeño en Santaella. Después, se trasladó a Granada, en donde San Juan de Dios encontró el amor de Dios en la predicación de este gran Santo, Juan de Ávila, al igual que San Francisco de Borja.

Fundó la Universidad de Baeza, la primera universidad de Andalucía y vino los quince últimos años de su vida de nuevo a Montilla para vivir en las traseras de Palacio, aunque la Marquesa quería que viviera en el Palacio, él dijo que no, que vivía con la servidumbre a las espaldas de éste. Y esta es su casa que hoy conservamos como una preciosa reliquia en Montilla. Cuando estaba muriendo le preguntaron dónde enterrar su cuerpo, quizá en Santa Clara, otro lugar avilista en la ciudad de Montilla, porque ahí estaba Ana de la Cruz, una de las razones por las que él estaba en Montilla; sin embargo, respondió que no, que lo enterraran en la Compañía de Jesús. Sus biógrafos comentan: “A la que tanto había amado en vida, le dejó el regalo de sus restos mortales” 1 . Estamos, por tanto, en una Iglesia de la Compañía de Jesús, en Montilla conocida como “los jesuitas”, cedida por el momento a la diócesis para el culto y su gestión ordinaria.

Entre los lugares avilistas, además de estos que he dicho andaluces, está Zafra, Fregenal de la Sierra en Extremadura y todos estos pueblos donde él predicó misiones populares que recibió para el consejo espiritual a tantos como, por ejemplo, a Santa Teresa a través de doña Luisa de la Cerda y el libro de la vida, etc.

En todos los seminarios de España, desde los seminarios menores, hemos aprendido que éste es nuestro Santo patrono. Así fue declarado por el Papa Pío XII en el año 1946, Patrono del Clero Secular Español y la Conferencia Episcopal Española ha promovido su canonización. Celebramos este año 50 años de su canonización, fue en el año 70 por el Papa Pablo VI, y después el Papa Benedicto lo proclamó Doctor de la Iglesia en el año 2012. Por eso, San Juan de Ávila no es propiedad exclusiva de Córdoba o de Montilla, es un Santo de la Iglesia universal, pero hay lugares que nos hablan de él incluso en el silencio, como todos los que he mencionado y muchos más, pero sobre todo este lugar donde se venera su sepulcro y al que acudimos en peregrinación para invocar la intercesión de este gran Santo en la Iglesia universal.

¿Qué nos puede decir o qué podemos pedirle a este gran Santo en el día de su fiesta? Sobre todo darle gracias. Hemos visto tantos testimonios preciosos durante todo este tiempo, testimonios de sacerdotes en la entrega de sus vidas, en el trabajo de vanguardia. Hemos visto tantos sacerdotes cuidando a los enfermos, atendiendo a los pobres, que quiero darle gracias a Dios en este día de la fiesta de nuestro Patrono porque San Juan de Ávila ha alentado ese testimonio precioso de tantos sacerdotes en la Iglesia y pedirle que nos alcance la gracia de la santidad. San Juan de Ávila es promotor de la santidad de los sacerdotes y de todo el pueblo de Dios, pero pensando en el futuro y en la renovación profunda de la Iglesia, ya él en su tiempo y nosotros en el nuestro, podemos pensar con él que la deseada renovación de la Iglesia dependerá de la santidad de los sacerdotes y del fervor de los seminarios. Si estamos en un comienzo de época, como así nos los repite el Papa Francisco, donde tantas cosas deben ser ajustadas a los planes de Dios, pensemos que esta renovación del presente y del futuro tiene uno de sus puntos de apoyo en la renovación y santificación de los sacerdotes.

Queridos seminaristas de toda España, sed santos, nos dice San Juan de Ávila, será la mejor aportación que podéis hacer a la renovación de la Iglesia de hoy y del futuro. San Juan de Ávila nos habla de esta santidad, de esta santificación que tiene como centro a Jesucristo. ¿Quién podrá separarnos del amor de Dios? ¿La angustia, la persecución, el virus o cualquier otra circunstancia? En todo ello vencemos fácilmente por el amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús y, por eso, en la predicación no hay fronteras.

Hemos escuchado en la Primera Lectura que los apóstoles predicaron a los judíos pero se saltaron ese confinamiento para predicar a todos el Evangelio de que Dios es amor: “Sepan todos que nuestro Dios es amor” 2 ; por eso, Jesucristo en el Evangelio nos ha repetido: “Vosotros sois la sal de la tierra” 3 . La sal tiene la virtualidad de dar sabor, buen gusto, preservar, curar, pero a veces pica y duele sobre todo en las heridas. Vosotros sois la sal de la tierra y si la sal se vuelve sosa, ya no sirve nada más que para tirarla. Vosotros sois la luz del mundo para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. No tengamos miedo, queridos hermanos, de nuestra vida cristiana, de dar testimonio de Jesucristo, del cielo y de la vida eterna, puesto que Jesucristo ha vencido la muerte y nos ha abierto de par en par el cielo que está en su corazón y es el corazón de Dios para los hombres. No tengamos miedo, al contrario, tomemos de su ejemplo, de su testimonio y de su intercesión, la valentía, la fuerza, el arrojo para una nueva evangelización a esta nueva época en la cual estamos todos necesitados de saber que Dios es amor, es misericordia, perdón, que Dios está cerca de cada uno de nosotros.

Que la fiesta de San Juan de Ávila en este lugar sagrado junto a su sepulcro a todos nos aliente en el camino a la santidad. Que Montilla, que es célebre en el mundo entero por muchos motivos, también vaya siendo cada vez más conocida por el sepulcro del Santo Maestro.

Gracias a todos, queridos montillanos, por vuestra acogida; gracias a los sacerdotes por vuestro servicio; a todos los que habéis llegado en este día con vuestras felicitaciones hasta Montilla o hasta los sacerdotes. Oremos todos unos por otros, para que la gracia de Dios cunda, se expanda en la Iglesia y así lleguemos a esa santidad a la que Dios nos llama por el celo ardiente de los ministros que hacen que la Iglesia sea cada vez más santa.

Encomendamos nuestra vida, de los sacerdotes y del pueblo de Dios a María Santísima. “Antes querría estar sin pellejo que sin devoción a la Virgen María” 4 , repite San Juan de Ávila llamándola “enfermera del hospital de la misericordia de Dios” 5 . Que Ella nos alcance todas estas gracias de su hijo Jesucristo por intercesión de San Juan de Ávila en
este gran día de su fiesta. Que así sea.

Homilía del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández.
Festividad trasladada de San Juan de Ávila.
En Montilla, junto a su sepulcro (11 de Mayo de 2020).

1 Fray Luis de Granada, Vida del P. Mtro Juan de Ávila, (Barcelona: Juan Flors, 1964), 133.
2 Sermón 50, n 3, O.C. III, 644.
3 Mt 5, 13-19.
4 Sermón 63, n 29, O.C. III, 854.
5 Sermón 60, n 32, O.C. III, 815.

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