Messor Eram

San Juan de Ávila y los Papas de su tiempo

By 23 abril, 2021 No Comments

San Juan de Ávila como flor del loto[1].

El título de este artículo puede resultar un poco “teatral” pero se trata de una metáfora muy acertada: La flor del loto se considera sagrada en algunas religiones. Tiene la capacidad de sobrevivir en entornos difíciles como zonas pantanosas. Representa, en algunas culturas, la pureza física y espiritual. Surge del fondo de las aguas y hace alusión al renacimiento y a la nueva vida. Está rodeada de lodo y, sin embargo, ella permanece limpia y de agradable olor. Así podemos describir a San Juan de Ávila: un santo que a pesar de formar parte de una sociedad y de una Iglesia enfangada, no se dejó contaminar por su entorno.

Unos 69 ó 70 años vivió San Juan de Ávila. Le faltó poco para celebrar sus bodas de oro sacerdotales. A lo largo de su vida, San Juan de Ávila llegó a “conocer” ¡12 Papas! Evidentemente no los conoció en persona pero sí supo de su vida y magisterio. No todo en ellos fue malo, pero en general tuvieron una vida poco edificante.

San Juan de Ávila nació posiblemente (no hay certeza) el 6 de enero de 1499 ó 1500. Alejandro VI (1492-1503), Rodrigo de Borja y Borja, nada más y nada menos, era el “Santo” Padre que en ese momento llevaba el timón de la Barca de Pedro. Amante del lujo y las mujeres, se le conocen como mínimo nueve hijos (en su caso no se puede hablar de un pequeño desliz). Lo mismo amenazaba que bendecía. Tuvo algún pequeño intento de conversión pero le duraría poco. Como punto positivo podemos decir que no se mostraba inflexible contra los judíos, los exprimía a impuestos, eso sí,  pero su política con los judíos era más comprensiva que la de los Reyes Católicos. Consideraba injusta su expulsión de España (al fin y al cabo ellos eran tan castellanos/españoles como los demás). Muchos expulsados de España eran acogidos en los Estados Pontificios. Esa benevolencia del Papa, que contrasta con sus muchas maldades, no gustaba a los Reyes Católicos. A estas alturas de la historia sabemos que la expulsión de los judíos se debió más a motivos político-económicos que religiosos.

Juan de Ávila contaba con 3 ó 4 años cuando Pío III (1503-1503) fue elegido Papa. En el momento de su elección no era ni siquiera sacerdote, por lo que tuvo que ser ordenado “de prisa y corriendo”, primero presbítero y después obispo. Esto nos hace dudar un poco de su vocación. Sólo duró 26 días como Papa, oficialmente murió por una ulceración de una de sus piernas, extraoficialmente siempre se pensó que había sido envenenado.

La imagen del Papa Julio II (1503-1513) marcó la infancia de San Juan de Ávila, pero menuda imagen. Quitando que fue un gran mecenas del arte y, en ese sentido, ha aportado mucho a la historia de la humanidad; este Papa fue un verdadero guerrero, en el sentido más literal de la palabra, pues montado a caballo y con espada en la mano iba a la guerra a defender los Estados Pontificios. En 1512 convocó el V Concilio de Letrán. En este concilio, que continuará su sucesor (León X) porque morirá el 21 de febrero de 1513, se condenará principalmente el conciliarismo que afirmaba que “era una verdad de fe católica la superioridad del concilio sobre el papa” (Concilio de Basilea, sesión XXXIII, año 1439). O sea, unos concilios solían echar por tierra lo que decían otros, así como unos papas solían corregir lo que decían otros.

En los primeros años de juventud, San Juan de Ávila tuvo como referente al Papa León X (1513-1521). No tenía el Papa fama de cumplir sus promesas, esto es, los reyes y políticos no se fiaban de él (menuda paradoja). Universalizó la obligación de obtener una licencia previa para la impresión de un libro, o sea, se trataba de una especie de censura que buscaba controlar ideológicamente a la población. Fue el Papa que excomulgó a Lutero, este hereje ciertamente estaba muy equivocado en cuestiones doctrinales, pero llevaba mucha razón al denunciar las corruptelas de la Iglesia. El Papa León X no fue el mejor ejemplo de amor al enemigo que predica el Evangelio. Su médico personal estuvo a punto de envenenarlo presionado por el cardenal  Petrucci, pero fueron descubiertos gracias a una carta interceptada en la que el cardenal daba las instrucciones. El cardenal y sus cómplices fueron estrangulados y descuartizados.

Tendría San Juan de Ávila unos 20 ó 21 años cuando murió el Pontífice, ya se había hecho un hombre y se había curtido estudiando leyes en la Universidad de Salamanca.

Cuando Adriano VI (1522-1523) fue elegido Papa la semilla de la vocación verdadera ya estaba creciendo en San Juan de Ávila. Este Papa holandés parecía que iba a cambiar las cosas porque denunció los vicios de la Curia Romana y prometió corregir los excesos de los cardenales. No pudo hacer mucho por mejorar las cosas, duró sólo un año. Fue el último papa no italiano hasta que en 1978 Juan Pablo II accedió a la silla de San Pedro.

San Juan de Ávila fue ordenado sacerdote con 26 años, siendo Papa Clemente VII (1523-1534). Llegó a Papa, primero porque el Espíritu Santo lo quiso y, segundo, porque compró a los cardenales prometiéndoles repartir beneficios con ellos. El emperador Carlos I le pidió que convocara un Concilio para reformar a la Iglesia y para tratar el tema preocupante del luteranismo, pero no quiso por dos razones: la primera, porque era hijo ilegítimo y tenía miedo de que el Concilio, con ese pretexto, lo depusiera (en aquel momento histórico los Concilios tenían esa potestad, recordemos el de Constanza) y la segunda, porque se le iba a exigir la reforma de la curia y no estaba dispuesto a renunciar a ciertos privilegios. Esta actitud le indispuso con el emperador que llegó a llamarlo “lobo” no “pastor”. La situación se agravó cuando el Papa apoyó al rey de Francia contra el emperador.  En 1527 se produjo el famoso “saco de Roma”. Durante dos semanas los soldados imperiales asesinaron, saquearon e incendiaron Roma. El Papa se refugió en el castillo de Sant`Angelo. Las tropas del emperador destrozaron las iglesias, las imágenes, los altares. Todo esto tuvo que vivirlo, aunque desde la distancia, San Juan de Ávila.

Carlos I tenía atemorizado al Papa hasta tal punto que el Sumo Pontífice, por miedo a las represalias y con el recuerdo del destrozo de Roma, se negará a conceder la nulidad matrimonial a Enrique VIII de Inglaterra. Resulta que Enrique VIII quería la nulidad matrimonial para separarse de Catalina de Aragón y casarse “lícitamente” con Ana Bolena. Catalina de Aragón escribió a su sobrino, el emperador Carlos I, pidiéndole que “mediara” ante el Papa y evitara que su matrimonio fuera declarado nulo.

La negativa del Papa al rey de Inglaterra (que no fue por coherencia con el sacramento del matrimonio sino por miedo a un nuevo enfrentamiento con Carlos I) provocó uno de los mayores errores diplomáticos de la historia de la Iglesia. No teníamos con el luteranismo sino que ahora Inglaterra se separa de Roma y nace el anglicanismo. Enrique VIII se convierte en cabeza de la Iglesia. Desterrará, asesinará y expropiará a todos aquellos que se mantengan fieles a Roma y al Papa. Destacará la figura de Santo Tomás Moro.

El primer tropiezo que San Juan de Ávila tuvo con la Santa Inquisición fue bajo el pontificado de Clemente VII. Resultó absuelto pero eso no impidió que estuviera un año en la cárcel de Sevilla hasta que salió el juicio. El “problema” de San Juan de Ávila fue que se adelantó 500 años al pensamiento de la Iglesia y de la sociedad. Fue pionero en la defensa de las mujeres y sus derechos, se quejaba de la acepción de personas y del rechazo institucional hacia los judeoconversos. Proponía la oración mental (aunque nunca estuvo en contra de la vocal) por ser más reflexiva. Fomentaba que todo el mundo leyese la Sagrada Escritura (incluso las mujeres). Criticaba públicamente las riquezas e inmoralidades de algunos nobles y clérigos. Una de las grandes diferencias entre San Juan de Ávila y Lutero fue que San Juan de Ávila colaboró eficazmente a la renovación de la Iglesia desde dentro: con amor, oración, penitencia, humildad, obediencia, castidad, pobreza. No a palos, mofas, enfrentamientos violentos como hizo Lutero y sus seguidores.

Otro Papa que conoció San Juan de Ávila fue Paulo III (1534-1549) quizá será de los Papas más significativos en la vida de San Juan de Ávila, no tanto por su calidad moral sino por sus aciertos político-religiosos. Consiguió el cardenalato gracias a su hermana que era amante del Papa Alejandro VI. Antes de ser sacerdote tuvo varios hijos, posiblemente también algunos después pero a estos no los legitimó. Era inteligente y aprobó nuevas órdenes religiosas que ayudarían a mejorar la imagen de la Iglesia, entre ellas, los teatinos, capuchinos y los famosos jesuitas. Fue la época de Nicolás Copérnico que dedicó su obra, el movimiento de los planetas, al Papa. Curiosamente en ese momento no se escandalizaría nadie, habría que esperar 50 años hasta que Giordano Bruno llevara a cabo la revolución científica copernicana, provocando un verdadero terremoto religioso.

Paulo III convocó, por fin, el Concilio tantas veces solicitado por Carlos I. Tendrá lugar en Trento, el 13 de diciembre de 1545. Este Concilio intentará responder doctrinalmente a los protestantes. Este Papa y Carlos I tampoco se llevarán especialmente bien, hubo algunas tensiones. El Papa se quejaba de que el emperador se metía mucho en cuestiones doctrinales que correspondían únicamente a la Iglesia.

Con el Papa Julio  III (1550-1555) San Juan de Ávila llegará a su etapa de madurez. En estos años volverá a tener problemas con la Inquisición. Su famosa obra Audi Filia I será incluida en el Índice de Libros Prohibidos. Julio III establecería la pena de excomunión para los lectores de los libros prohibidos, aunque la gente (al menos en el mundo civil) como se abusaba tanto de la pena de excomunión, ya dejó de tomarla enserio. Será el segundo tropiezo grave de San Juan de Ávila con el Santo Oficio.

El arzobispo de Granada, Pedro Guerrero,  participaba en el Concilio de Trento, tenía a San Juan de Ávila como consejero, hubiera querido llevárselo pero el Padre Ávila se encontraba enfermo así que en 1551, a través del prelado, el Maestro Ávila envía al Concilio su Primer Memorial (segunda convocatoria del Concilio, la primera había sido en 1545) que trataba sobre la reforma del estado eclesiástico. En los concilios no sólo participaban obispos-políticos, también teólogos reconocidos cuyas opiniones se tenían en cuenta (a veces). A Julio III le gustaban las corridas de toros, el carnaval, los festines interminables. Curiosamente el Concilio de Trento terminará prohibiendo todas esas frivolidades. El primer memorial de San Juan de Ávila al Concilio de Trento (1551) será especialmente duro porque denunciará la acumulación de riquezas por parte de eclesiásticos, así como el abandono de la pastoral y cura de almas. Todo esto unido a la ignorancia del clero terminará provocando grandes males a la sociedad y a la Iglesia de Cristo.

Por la mayor parte, ni predican, ni leen, ni confiesan, ni aun dicen misa casi en todo el año; y muchos viven con deshonestísima compañía, sin que nadie sea parte para podérsela quitar (…) y estos que tan poco aprovechan en la Iglesia, se llevan el mejor bocado de ella, quitándolo a otras personas que fueran dignas y de la boca de los pobres. En lo cual es mucha razón que este sagrado concilio provea y quite este oprobio de Israel y tan grande abominación que está asentada en lugar santo de Dios[2].

Le sucedió el Papa Marcelo II (1555) su pontificado fue sospechosamente corto, sólo veinte días.

El siguiente Papa será Pablo IV (1555-1559). Para el poco tiempo que estuvo, cuatro años, hizo un gran destrozo. Tenía 80 años cuando fue elegido. Los cardenales querían a un “abuelito” al que poder manejar, aunque el “tiro les salió por la culata”. Carlos I había dado su veto pero no le hicieron caso. Cayó gravemente en el nepotismo, en parte, el nepotismo es una actitud lógica porque la tendencia general (en todas las épocas) es la de rodearse de familia y amigos de los que poder fiarte y a ser posible que no te envenenen ni apuñalen. Dio demasiadas alas a la Inquisición y ésta abusó exageradamente de su poder.

Este Papa odiaba a los españoles, los consideraba casta de judíos y “marranos”. El Papa declaró la guerra a España, (¿qué pensaría San Juan de Ávila de todo esto?) este hecho conmovió mucho a los españoles que en su mayoría se sentían fieles cristianos.

El Papa odió tanto a Carlos I como su hijo Felipe II. Ante la guerra, Felipe II convocó a los principales teólogos españoles para ver qué se podía hacer, ya que era un ferviente cristiano y le deba escrúpulo luchar contra el Papa. El famoso Melchor Cano (dominico) dirá que en el pontífice se pueden distinguir dos personalidades: una como pastor de la cristiandad al que se le debía respeto y sumisión, y otra como señor temporal de los Estados Pontificios, contra el que cabía defenderse de sus ataques e injurias.

El duque de Alba será quien defienda los intereses españoles y se adueñará de gran parte del territorio pontificio. La Victoria de San Quintín puso al Papa a merced del duque (de ahí expresiones populares como: “ha liado la de San Quintín”). Este Papa pudo haber conseguido la reconciliación entre Inglaterra y Roma porque María Tudor, católica y esposa de Felipe II, había subido al trono de Inglaterra. En vez de dialogar lo que hizo fue exigir que le devolvieran a la Iglesia todos los bienes que Enrique VIII le había robado o, de lo contrario, “irían todos al mismísimo Infierno”. Le faltó mano izquierda y no consiguió ganarse ni a Felipe II y ni a María Tudor (conocida por los protestantes como María la sanguinaria). A la muerte de este Papa el pueblo abrió las cárceles, incendió la sede de la Inquisición y saqueó el convento de los dominicos responsables de la misma. Fueron necesarios cuatro meses para elegir al sucesor.

Pío IV (1559-1565). Fue bastante irregular su elección, empezó con retraso el cónclave, hubo sublevación popular, algunos enviados de las cortes europeas consiguieron introducirse en el cónclave como acompañantes de los cardenales y, a través de ventanas y aperturas en los muros, los embajadores imperiales, franceses y españoles, conversaban y “aconsejaban” a los cardenales. Este Papa fue amante del lujo, poco reformista y entregado al sentido mundano. Pero reabrió y concluyó el Concilio de Trento  y, solo por eso, se ha ganado un lugar destacado en la historia de la Iglesia. En su caso el nepotismo fue provechoso, nombró cardenal y secretario de Estado a su sobrino, San Carlos Borromeo, que en ese momento tenía tan sólo 22 años, si algo se le puede echar en cara a este santo cardenal es que tuvo demasiado séquito y servidores pero era la costumbre de la época.

San Juan de Ávila enviará su Segundo Memorial (1561) a Trento, de nuevo a través del Arzobispo de Granada, Pedro Guerrero. Este Segundo Memorial tratará sobre las causas y remedios contra las herejías. En este Memorial se dará importancia al celibato, sobre todo porque los sacerdotes protestantes podían casarse. Los protestantes argumentaban que las inmoralidades de los sacerdotes católicos podrían subsanarse si éstos contrajeran matrimonio. El Concilio prefirió la reforma del clero y que los jóvenes sacerdotes salieran bien preparados del seminario, antes que abrir la mano en ese sentido. Para San Juan de Ávila el celibato no sería una mera disciplina eclesiástica sino que era parte de la vocación o llamada de Dios.

En esta etapa San Juan de Ávila ya se encontraba muy enfermo. Tenía problemas de estómago, piedras en la vesícula y los riñones, fiebres altas, ya no veía bien (seguramente tenía cataratas). Se encontraba retirado en Montilla, en una casa que le había cedido la marquesa de Priego, doña Catalina Fernández de Córdoba.

Verá cómo su gran obra el Audi Filia I será puesta en entredicho por la Inquisición, por lo que él y sus discípulos intentarán corregir expresiones que pudieran dar pie a equívocos, así nacería el Audi Filia II. Durante toda su vida se sentirá cuestionado por la inquisición que vigilaba: sus predicaciones, sus obras, sus fundaciones, incluso a sus discípulos. Sin duda, su condición de judeoconverso le conllevó muchas persecuciones. De no haber tenido amistades importantes posiblemente hubiera acabado en la hoguera, de hecho, llegó a rumorearse de que había sido quemado por la Inquisición. Afortunadamente fue una fake new de la época.

Llegará a coincidir en el tiempo con otro Papa, sería ya el último, San Pío V (1566-1572). Por fin un Papa Santo después de varios siglos. Ni sabía de política ni tuvo intención nunca de aprender. Simplificó la corte y decretó medidas de moralidad pública. Activó las visitas pastorales.  Mandó preparar, corregir y editar el Misal y el Breviario Romano. Tuvo buena relación con la orden de los jesuitas, especialmente con San Francisco de Borja. Excomulgará en 1570 a Isabel I de Inglaterra, fue un gran error político porque era ya la excusa perfecta que necesitaban los ingleses para acusar a los católicos de traidores a la corona. Llevó una vida personal íntegra pero obligó a todos a aceptar la fe con imposiciones desorbitadas, o sea, imponía la fe no la ofrecía. Será el Papa de la Batalla de Lepanto, convencerá a Felipe II para que se una a Venecia y a los Estados Pontificios y, así, luchar contra los turcos. La victoria será atribuida al rezo del Santo Rosario. Se puede acusar al Papa de guerrero pero si no hubiera sido por él, los turcos se hubieran hecho con Europa.

San Juan de Ávila no escuchará hablar de esa Batalla (1571) porque morirá el 10 de mayo de 1569. Messor eram (segador era). No obstante, el ganó también la batalla de la vida con la fuerza de la oración. Será beatificado en 1894 (Papa León XIII), canonizado en 1970 (Pablo VI) y declarado Doctor de la Iglesia en 2012 (Benedicto XVI). No deja de ser paradójico que la misma Iglesia (la Iglesia es Una) que cuestionaba sus escritos, ahora, quinientos años después lo declare Doctor de la Iglesia, o lo que es lo mismo, que su doctrina no tiene error. Después de todo quinientos años tampoco es tanto.

 

[1] Principales fuentes para este artículo: FERNÁNDEZ CORDERO, M. J., Juan de Ávila (1499-1569). Tiempo, vida y espiritualidad (Madrid 2017); LABOA GALLEGO, J.M., Historia de los Papas. Entre el Reino de Dios y las pasiones terrenales (Madrid 2005); O´MALLEY, J. W., Trento ¿Qué pasó en el concilio? (Cantabria 2015); ACTAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL. El presbítero secular en el s. XXI a la luz del magisterio de San Juan de Ávila (Jaén 2020).

[2] Memorial I, n. 20, OC II, 498.