La evangelización en la vida y obra de san Juan de Ávila. Modelo para la Nueva Evangelización

POR BLAS SÁNCHEZ VILLAREJO . SEMINARISTA 5º CURSO REDEMPTORIS MATER

POR BLAS SÁNCHEZ VILLAREJO . SEMINARISTA 5º CURSO REDEMPTORIS MATER

Introducción

En el presente trabajo nos proponemos acercarnos a la cuestión de la evangelización, pero lo haremos de la mano de san Juan de Ávila, para quien este punto tuvo tanta relevancia en su vida y en su doctrina.

En primer lugar, haremos un repaso biográfico de la vida del Santo centrándonos exclusivamente en aquellos puntos referentes al tema que estamos tratando. Veremos que no se limitó a hablar de la evangelización o de la misión de la Iglesia desde el ámbito teórico, sino que él mismo llevó siempre “calzados los pies con el celo por el Evangelio” (Ef 6,15), contribuyendo a su expansión por diversos lugares.

En un segundo momento, haremos una exposición sistemática de los principales puntos que pueden encontrarse en su doctrina en lo relativo a la evangelización. Para ello, nos basaremos, fundamentalmente, en los mismos escritos del Apóstol de Andalucía.

Finalmente, intentaremos aplicar dicha doctrina a la Nueva Evangelización a la que estamos llamados todos los cristianos en la actualidad, como tanto han subrayado los últimos Papas. Contemplaremos en este apartado que el ejemplo de vida del Santo y su doctrina sobre la evangelización siguen totalmente vigentes.

  1. Vida misionera de san Juan de Ávila

Uno de los títulos por los que más se conoce a san Juan de Ávila es el de “Apóstol de Andalucía”. Su ministerio sacerdotal estaba marcado por un fuerte celo apostólico que le impulsaba a “la extensión del Reino de Dios, que al Maestro le lleva tanto a las largas horas de oración y penitencia, como a las correrías apostólicas”[1]. Por ello, desde el momento en el que fue ordenado sacerdote el año 1526 en Alcalá de Henares, emprendió diversas correrías apostólicas que le llevaron a numerosos puntos geográficos.

Antes de hacer un recorrido por los lugares en los que el Apóstol de Andalucía anunció el Evangelio, hablaremos de aquel acontecimiento tan destacado en su vida por el que no pudo partir a las Indias. No debemos olvidar que América había sido descubierta en el año 1492 y “la respuesta de la Iglesia ante las noticias del descubrimiento realizado por Colón fue una continuación de su proceder respecto a los descubrimientos africanos y canarios impulsando la evangelización de sus gentes”[2]. El fraile dominico Julián Garcés había sido nombrado obispo de Tlaxcala-Puebla de los Ángeles (México), por lo que san Juan de Ávila se ofreció en el año 1527 para acompañarle como misionero[3]. No obstante, este deseo sería frustrado.

Un sermón predicado en la iglesia del Salvador, ante el arzobispo de Sevilla (don Alonso Manrique), fue la ocasión que impidió su viaje misionero hacia las Indias. Tal vez influyó también su condición de tener raza. Pero los biógrafos señalan, más bien, las extraordinarias cualidades espirituales del predicador, que provocaron la decisión del arzobispo[4].

Como podemos observar, no es claro el motivo por el que no pudo viajar al Nuevo Mundo, pero lo que sí sabemos con certeza es que los deseos misioneros no se apagaron en este santo, porque él siempre se sintió enviado por el Señor a evangelizar, lo que queda reflejado en el epitafio de su sepulcro: “Messor eram” (‘fui segador’)[5]. Además, los horizontes geográficos de evangelización

se abrieron, por medio de sus discípulos, hacia otros lugares de la península, así como hacia las Indias occidentales (América), la India (Indias orientales o de Portugal) y el Congo […]. Sus deseos truncados de ir como neosacerdote a las Indias […], se hicieron realidad misionera[6].

Por otra parte, de sobra conocida es la fuerte relación que el Santo tuvo con la Compañía de Jesús y el impacto que tanto su vida como su doctrina provocaron en muchos de sus miembros, dejando en ellos la impronta del celo apostólico. “Algunos de sus discípulos, sobre todo quienes se hicieron jesuitas, gastaron su vida en la evangelización del Nuevo Mundo”[7].

Descartada la opción de partir hacia América, permaneció en Sevilla, donde convivió con un compañero de estudios en Alcalá de Henares, el Padre Fernando Contreras. “Con éste y otros sacerdotes se dedicó, con estilo de vida evangélica, a la predicación popular por las calles de Sevilla, a la caridad para con los necesitados y encarcelados”[8]. Écija, Alcalá de Guadaira, Lebrija, Utrera, Jerez de la Frontera o Palma del Río fueron algunas de las localidades por las que se movió en esta etapa de su vida, la cual se vería interrumpida por la acusación que en el año 1531 recibió por parte de la Inquisición y que le llevó a estar preso un año, hasta que fue absuelto el 16 de junio de 1533. Al año siguiente partió para Córdoba, la cual es considerada su diócesis. En el otoño de 1536 se dirigió a Granada, donde residió y desde donde se desplazó a diversas ciudades: Córdoba, Baeza, Jerez de la Frontera, Sevilla, Montilla, Palma del Río, Fregenal de Sierra, Zafra y Priego de Córdoba. En 1553 organizó una misión desde Córdoba con la que se propuso evangelizar por todo el sur español. Predicó en Fuenteovejuna y llegó hasta los límites del Campo de Calatrava y el arzobispado de Toledo. Fue en el año 1554 cuando se vio obligado a poner fin a todas estas correrías apostólicas debido a la enfermedad y los dolores que sufría, por lo que permaneció definitivamente en Montilla hasta que el 10 de mayo de 1569 realizó su último viaje: al Cielo[9].

  1. La evangelización vista desde la doctrina de san Juan de Ávila

Uno de los aspectos que más destaca en el pensamiento avilista en cuanto a la cuestión de la evangelización es la clara conciencia que el Santo tenía de la alteza de dicha misión, “porque este negocio de predicar las buenas nuevas del Evangelio es muy grande”[10]. Esta tarea que es encomendada a todo cristiano es grande precisamente porque es prolongación de la acción salvífica de la misión de Cristo, de lo cual el Maestro era conocedor:

Y porque hobiese [sic] más voces que predicasen y más médicos que curasen las ánimas, aunque él solo lo podía hacer, quiso tomar ayudadores para tener ocasión de les galardonar sus trabajos y de hacer bien a los otros por medio de aquestos ayudadores[11].

San Juan de Ávila expresa en sus escritos que, si la evangelización es participación de la misión de Cristo, para llevarla a cabo es preciso estar en íntima comunión con él y vivir según vivió él, con los mandatos evangélicos como guía, lo que no es un aditamento, sino algo esencial, puesto que, para anunciar el Evangelio, primero hay que vivirlo[12].

El gran aporte de Juan de Ávila […] fue situar la misión del sacerdote no en el ejercicio de unas funciones sino en la vivencia, actualización y recreación de la misma misión de Jesús […]. Entendida así la misión de todo apóstol, no es extraño que Juan de Ávila diera tanta importancia a la oración, a la identificación con el misterio de Cristo y a la vivencia de los valores evangélicos para sentirse libre y disponible para la misión[13].

En ciertos casos la evangelización no se realizaba de esta manera o buscaba un fin distinto al de extender el Evangelio, como puede ser beneficiarse uno mismo con riquezas o privilegios. Ante tales desvirtuaciones, el Santo no duda en llamar la atención a los evangelizadores que actúan de tal modo para corregirlos en su comportamiento. Avisa a aquéllos que buscan “apacentarse a sí mesmos, buscando sus intereses y regalos, sin tener cuidado de curar las ovejas enfermas, atar la pierniquebradas [sic], esforzar las flacas, mantener y engordar las sanas[14]. Una actuación tal no contribuye al anuncio del Evangelio, sino todo lo contrario, por lo que el Apóstol de Andalucía afirma: “Cosa es notoria haber dicho los indios occidentales, viendo la mala vida de los cristianos: «Si cristianos van al cielo, no queremos ir allá, por no estar con tal mala gente»”[15].

El Apóstol de Andalucía consideraba que una forma adecuada de llevar a cabo la evangelización eran las misiones populares. Consistían éstas en grupos de misioneros que no recibían ningún estipendio, sino que vivían de la caridad y se albergaban en hospitales y sacristías[16]. Vemos en esta manera de organizar la evangelización una clara semejanza con las órdenes mendicantes y una forma concreta de vivir según el Evangelio basada en la oración, la caridad, la pobreza y el sacrificio, para así poder proclamarlo a las gentes[17].

Por otro lado, debemos subrayar que san Juan de Ávila tenía una visión universal de la evangelización, porque era consciente de “la mucha necesidad que tienen todos los hombres del favor de Jesucristo”[18] y de que éste es “Padre universal y Cabeza de todos los hombres”[19]. En la cruz, Jesucristo abre sus brazos a todo el universo: “se levantó señal que llamaba y traía a sí, no solamente un pueblo, sino todos los pueblos”[20]. Como consecuencia de esto, “el moro, el judío, el hereje, el alarbe (árabe) es nuestro prójimo; porque le podemos hacer el bien y él a nosotros y porque puede convertirse y gozar de Dios con nosotros”[21].

Contemplar la evangelización desde esta perspectiva debe hacer crecer en todo cristiano el deseo de expandir el Evangelio por todo el mundo, de tal manera que llegue “cada día la predicación del nombre de Cristo a tierras más lejos, para que así sea luz, no sólo de los judíos que creyeron en Él […], mas también a los gentiles”[22]. Por eso, el mismo Santo llega a exclamar: “¡Quién pudiese tener mil millones de lenguas para pregonar por todas partes quién es Jesucristo!”[23].

Finalmente, contemplando la vida del Maestro de santos podemos comprender que una de las cualidades principales de todo evangelizador es la de adaptar el mensaje “a cualquier cultura, o a cualquier oyente de cualquier cultura”[24]. Es preciso tener la capacidad de conocer la realidad de las personas a las que se dirige el anuncio del Evangelio, para no hablar de nubes, sino de lo concreto, hablar “de lo experimentado en el gran laboratorio de la vida”[25]. En muchas ocasiones, conviene adaptar el Evangelio a la gente sencilla, sin dejar de utilizar fórmulas teológicas tradicionales ni producir menoscabo en el contenido que se transmite[26].

  1. La doctrina avilista de la evangelización aplicada a la Nueva Evangelización

En el ámbito de la evangelización, san Juan de Ávila es, según el sacerdote Juan Esquerda Bifet, una “figura de valor permanente”[27]. Por eso, es conveniente que aún hoy en el siglo XXI volvamos la mirada a su doctrina y a sus escritos, porque “rezuman esa sed de almas que él vive y que quiere contagiar a los demás”[28]. Es preciso que llevemos a cabo un análisis de las “situaciones que reclaman una atención especial de cara a la nueva evangelización y a la misión”, pero este análisis nos va “a exigir retomar el talante y la actuación del «apóstol misionero» del que Juan de Ávila fue promotor”[29].

La situación actual de la sociedad es quizá muy diferente de aquélla en la que vivió el Santo. Sin embargo, descubrimos que la doctrina avilista que hemos expuesto en el apartado anterior tiene validez también para la Nueva Evangelización: ésta sigue siendo participación de la obra salvífica de Cristo, por lo que es necesario tener intimidad con él y vivir según su Evangelio; vivir de otra forma puede suponer un antitestimonio también hoy; la evangelización tiene todavía un carácter universal; y, finalmente, también es necesario adaptar el Evangelio a la situación concreta.

Como ya hizo el Santo, el papa Francisco, en la exhortación apostólica Christus vivit, invita a enamorarse profundamente de Cristo para poder hacer visible su amor a la humanidad[30]. Además, para nutrirse antes de partir a la misión, san Juan de Ávila bebió de la misma fuente de la que hemos de beber nosotros: el Evangelio, “cuya esencia permanece invariable”[31]. Al igual que ocurría en el siglo XVI, para que se dé una verdadera evangelización es preciso que el cristiano viva el Evangelio y lo porte a los demás no como un conjunto de leyes que se deben cumplir, sino mostrándolo vivido en su cotidianeidad.

En cuanto al carácter universal de la evangelización que tanto subrayó el Maestro de santos, como ya hemos visto, en la actualidad puede apreciarse de una forma aún más clara, debido a la globalización.

Nuestro apostolado tiene que abarcar todos los paradigmas […]: geográficos, culturales, sociológicos, económicos, políticos, artísticos, mediáticos, etc. Todo está dentro de un proceso de “globalización” o de intercambio total y universal de retos y de posibilidades[32].

Al igual que él supo valerse de todos los medios que tuvo a su alcance, destacando las misiones populares, para extender el Evangelio a todos los hombres, nosotros hemos de servirnos de aquellas nuevas vías que se nos presentan, incluido también todo el mundo digital. Por eso, san Juan Pablo II llegó a afirmar: “Nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos” (Redemptoris Missio 92).

Por otro lado, debemos fijarnos en la figura del Apóstol de Andalucía para aprender a actualizar el Evangelio a nuestro momento, pero siendo siempre fieles al depósito de la fe, porque él “supo «actualizarse» en su circunstancia cultural e histórica […], porque supo ser fiel al mensaje recibido”[33]. La situación que vivimos hoy en día puede ser totalmente distinta a la que le tocó vivir a san Juan de Ávila. No obstante, ambas etapas comparten algunas características comunes, como son los profundos cambios ocurridos en todos los niveles de la sociedad, la persecución resultante del anuncio verdadero del Evangelio o la ignorancia religiosa[34].

Por todo lo que hemos expuesto en este apartado es por lo que muchos autores piden que fijemos nuestros ojos en la doctrina avilista para llevar a cabo la Nueva Evangelización. Su ejemplos de vida y sus obras “seguirán dando frutos, por largo tiempo, de nuevos y jóvenes evangelizadores que van a continuar anunciando a Jesucristo a lo largo del nuevo milenio”[35].

  1. Conclusión

El celo apostólico es una de las características principales que perfilan la figura de san Juan de Ávila. Como hemos visto, no pudo cumplirse su deseo de partir hacia la recién descubierta América para llevar la Buena Nueva a sus habitantes, pero esto no impidió que organizara diversas misiones populares ayudado de sus discípulos para evangelizar una vasta extensión: prácticamente toda Andalucía y el sur de Extremadura y Castilla la Mancha.

En cuanto a la concepción que el Santo tenía de la evangelización, adentrándonos en sus escritos hemos extraído varias conclusiones. En primer lugar, es consciente de que la misión evangelizadora de la Iglesia es la misma que la de Cristo: la salvación de las almas. Para ello, cada cristiano debe vivir unido a Cristo y a su Evangelio, para así poder llevarlo a todos los que no lo conocen. Por otro lado, subraya en varios momentos que la evangelización no conoce límites geográficos, étnicos o sociales, sino que debe llegar a todas las personas. Finalmente, esta tarea debe servirse de todos los medios que tenga a su alcance y ha de intentar adaptarse al oyente, para hacer accesible el mensaje, pero sin desfigurarlo.

En el último apartado, hemos podido comprobar que las circunstancias en las que se vio envuelto san Juan de Ávila durante su vida guardan cierta similitud con las que vivimos actualmente. Por ello, muchos de los puntos que expuso en su doctrina pueden ser fácilmente aplicados como guía para la Nueva Evangelización. Además, se nos presenta el Santo como un modelo de evangelización al que podemos mirar e imitar en esta tarea que nos es encomendada.

 

[1] J. Esquerda Bifet, Diccionario de San Juan de Ávila (Monte Carmelo, Burgos 1999) 170.

[2] J. M. Madruga Salvador, “El perfil misionero en san Juan de Ávila”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila. Actas del Congreso Internacional (EDICE, Madrid 2002) 852.

[3] Cfr. J. Esquerda Bifet, Introducción a la doctrina de San Juan de Ávila (BAC, Madrid 2000) 24.

[4] Ibid., 47.

[5] Cfr. Ibid., 254.

[6] Ibid., 21.

[7] Madruga Salvador, “El perfil misionero”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila (EDICE, Madrid 2002) 854.

[8] Esquerda Bifet, Introducción (BAC, Madrid 2000) 46.

[9] Cfr. J. Sánchez Herrero, “Andalucía, campo apostólico de Juan de Ávila”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila. Actas del Congreso Internacional (EDICE, Madrid 2002) 99. En este artículo, el autor hace un exhaustivo análisis de la sociedad de la época de san Juan de Ávila, centrándose especialmente en los lugares por los que pasó durante su vida.

[10] Sermón 18, número 1. J. de Ávila, Obras completas III; Sermones (BAC, Madrid 2002) 228.

[11] Sermón 81, número 4. Ibid., 1084.

[12] Cfr. Esquerda Bifet, Introducción (BAC, Madrid 2000) 51.

[13] Madruga Salvador, “El perfil misionero”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila (EDICE, Madrid 2002) 862.

[14] Memorial segundo al Concilio de Trento, número 8. J. de Ávila, Obras completas II; Comentarios bíblicos – Tratados de reforma – Tratados y escritos menores (BAC, Madrid 2001) 528.

[15] Madruga Salvador, “El perfil misionero”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila (EDICE, Madrid 2002) 855.

[16] Cfr. Ibid., 856.

[17] Cfr. Esquerda Bifet, Introducción (BAC, Madrid 2000) 62.

[18] Audi, filia [II], capítulo 85, número 1. J. de Ávila, Obras completas I; Audi, filia – Pláticas – Tratados (BAC, Madrid 2007) 721.

[19] Tratado del amor de Dios, número 4. Ibid., 955.

[20] Lecciones sobre la Epístola a los Gálatas, número 4. Id., Obras completas II; Comentarios bíblicos – Tratados de reforma – Tratados y escritos menores (BAC, Madrid 2001) 28.

[21] Sermón 22, número 13. Id., Obras completas III; Sermones (BAC, Madrid 2002) 269.

[22] Audi, filia [I], capítulo 6, número 28. Id., Obras completas I; Audi, filia – Pláticas – Tratados (BAC, Madrid 2007) 526.

[23] Carta 207 [A un discípulo]. Id., Obras completas IV; Epistolario (BAC, Madrid 2003) 673.

[24] J. E. Catalá Ibáñez, “Cualidades de evangelizadores”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila. Actas del Congreso Internacional (EDICE, Madrid 2002) 960.

[25] Sánchez Herrero, “Andalucía”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila (EDICE, Madrid 2002) 132.

[26] Cfr. Esquerda Bifet, Introducción (BAC, Madrid 2000) 330.

[27] Id., Diccionario (Monte Carmelo, Burgos 1999) 70.

[28] Ibid., 169.

[29] Madruga Salvador, “El perfil misionero”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila (EDICE, Madrid 2002) 860.

[30] Cfr. J. Esquerda Bifet, “Actualización del apostolado para una nueva evangelización en un cambio de época, siguiendo las huellas de San Juan de Ávila”, en: F. J. Martínez Rojas (coord.), Actas del Congreso Internacional. El presbítero secular en el siglo XXI a la luz del magisterio de San Juan de Ávila (Gráficas la Paz de Torredonjimeno, Torredonjimeno 2020) 438.

[31] Ibid., 428.

[32] Ibid., 433.

[33] Ibid., 431.

[34] Cfr. M. del Valle Moronta, “San Juan de Ávila, profeta de la nueva evangelización”, en: J. Aranda Doncel – A. Llamas Vela (eds.), San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia: actas del congreso internacional (Diputación de Córdoba, Córdoba, 2013) 298.307.

[35] A. M. Rouco Varela, “Nuevas vocaciones de evangelizadores”, en: Junta Episcopal «Pro Doctorado de San Juan de Ávila» de la Conferencia Episcopal Española, El Maestro Ávila. Actas del Congreso Internacional (EDICE, Madrid 2002) 976.