San Juan de Ávila

Doctor de la Iglesia

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La Basílica Pontificia San Juan de Ávila, en Montilla, sigue siendo un punto de referencia, no sólo para los sacerdotes, sino para decenas de fieles que visitan el Sepulcro del Santo Maestro. Culmi…
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La Vida

Sin duda alguna, toda su vida de sacerdote y apóstol la dedicó a conseguir la reforma que la Iglesia necesitaba en momentos de profunda crisis. Es una de las figuras más centrales y representativas del siglo XVI. Destacó por la calidad de su doctrina teológica y la sabiduría de sus consejos como guía espiritual en una época de grandes confusiones.

Sus palabras
"No repartáis el corazón, mas dadlo todo a Aquel de quien sois"
“No quita Dios sino para dar, no hiere sino para medicinar, no derriba sino para levantar y en fin, no mata sino para dar vida, y vida que nunca se acaba.”
“Si amas a Cristo, tienes que tener por dentro de tu corazón una compasión entrañable de las almas, pues por ellas murió Jesucristo.”
“El amor verdadero de Dios no es sentimiento del mismo, ni afición, no lágrimas, ni dulzuras, ni sentimiento es amor de Dios, sino conformidad con su querer y vivir con su Voluntad.”
“Muchos se miden por hacer muchas obras buenas, y no entienden que no mira Dios allí, sino el corazón del que nacen.”
“No hay vida sin Jesucristo. Todo mata, todo engaña sin Él.”
“Alleguémonos al fuego que enciende y abrasa, que es Jesucristo Nuestro Señor, en el Santísimo Sacramento.”
“Vuestro es mi Cuerpo y mi Sangre” ¿Por qué tenéis hambre? “Vuestro mi Corazón” ¿Por qué tenéis olvido?
Vida (versión breve)
  • San Juan de Ávila nació el 6 de enero de 1499 (o 1500) en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia profundamente cristiana.

    Probablemente en 1513 comenzó a estudiar leyes en Salamanca, de donde volvería después de cuatro años para llevar una vida retirada en Almodóvar. Esta nueva etapa en Almodóvar durará hasta 1520, pues aconsejado por un religioso franciscano, marchará a estudiar artes y teología a Alcalá de Henares (1520-1526).

    Durante sus estudios en Alcalá, murieron sus padres. Juan fue ordenado sacerdote en 1526, y quiso venerar la memoria de sus padres celebrando su Primera Misa en Almodóvar del Campo. La ceremonia estuvo adornada por la presencia de doce pobres que comieron luego a su mesa. Después vendió todos los bienes que le habían dejado sus padres, los repartió a los pobres, y se dedicó enteramente a la evangelización, empezando por su mismo pueblo.

  • Con el firme propósito de ser evangelizador del Nuevo Mundo, se trasladó a Sevilla, donde se entregó de lleno al ministerio, en compañía de su compañero de estudios en Alcalá el venerable Fernando de Contreras.

    Esta amistad y convivencia con Fernando de Contreras, fueron posiblemente las que motivaron el cambio de las ansias misioneras de Juan de Ávila.

    Durante algún tiempo continuó el ministerio juntamente con Fernando de Contreras. Pronto se dirigió a predicar y ejercer el ministerio en Écija (Sevilla). Pero su presencia en Écija pronto le va a acarrear las enemistades y la persecución. De hecho, las envidias de algunos eclesiásticos, llevaron precisamente a los clérigos a denunciar a San Juan de Ávila ante la Inquisición sevillana en 1531.

  • Desde 1531 hasta 1533 Juan de Ávila estuvo procesado por la Inquisición. Las acusaciones eran muy graves en aquellos tiempos: llamaba mártires a los quemados por herejes, cerraba el cielo a los ricos, no explicaba correctamente el misterio de la Eucaristía, la Virgen había tenido pecado venial, tergiversaba en sentido de la Escritura, era mejor dar limosna que fundar capellanías, la oración mental era mejor que la oración vocal… Todo menos la verdadera acusación: aquel clérigo no les dejaba vivir tranquilos en su cristianismo o en su vida ‘clerical’. Y Juan fue a la cárcel donde pasó un año entero.

    En 1535 marcha Juan de Ávila a Córdoba, llamado por el obispo Fr. Álvarez de Toledo. Allí conoce a Fr. Luis de Granada, con quien entabla relaciones espirituales profundas. Organiza predicaciones por los pueblos (sobre todo por la Sierra de Córdoba), consigue grandes conversiones de personas muy elevadas, entabla buenas relaciones con el nuevo obispo de Córdoba, D. Cristobal de Rojas, quien dirigirá las Advertencias al Concilio de Toledo.

  • La labor realizada en Córdoba fue muy intensa. Prestó mucha atención al clero, creando centros de estudios, como por ejemplo el Colegio de San Pelagio (en la actualidad el Seminario Diocesano).

    Córdoba es la diócesis de san Juan de Ávila, tal vez ya desde 1535, pero con toda seguridad desde 1550.

    Desde 1511 Juan de Ávila se sintió enfermo. Gastado en un ministerio duro, sintió fuertes molestias que le obligaron a residir definitivamente en Montilla desde 1554 hasta su muerte, el 10 de mayo de 1569.

  • En 1588, Fr. Luis de Granada, recogiendo algunos escritos enviados por los discípulos y recordando su propia convivencia con san Juan de Ávila, escribió la primera biografía. En 1623, la Congregación de san Pedro Apóstol, de sacerdotes naturales de Madrid, inicia la causa de beatificación. En 1635, el Licdo. Luis Muñoz escribe la segunda biografía de Juan de Ávila, basándose en la de Fr. Luis, en los documentos del proceso de beatificación y en algunos documentos que se han perdido. El día 4 de abril de 1894, León XIII beatifica al Maestro Ávila. Pío XII, el 2 de julio de 1946 lo declara Patrono del clero secular español. Pero el maestro de santos tendrá que esperar hasta el año 1970 para ser canonizado por el Papa Pablo VI.

    En 2012, tras ser declarado Doctor de la Iglesia Universal por el Papa Benedicto XVI, la iglesia de la Compañía de Montilla (actual Basílica Pontificia Menor), donde descansan sus restos, y la pequeña casa donde vivió sus últimos años san Juan de Ávila, son centros de continuo peregrinar de obispos, sacerdotes y fieles de toda España.

Vida (versión extensa)
  • Infancia y formación sacerdotal

    San Juan de Ávila nació el 6 de enero de 1499 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia profundamente cristiana.

    En 1513 comenzó a estudiar leyes en Salamanca, de donde volvería después de cuatro años para llevar una vida retirada en Almodóvar. Esta nueva etapa en Almodóvar, en casa de sus padres, viviendo una vida de oración y penitencia, durará hasta 1520. Pues aconsejado por un religioso franciscano, marchará a estudiar artes y teología a Alcalá de Henares (1520-1526). De esta etapa en Alcalá existen testimonios de su gran valía intelectual, como así lo atestigua el Mtro. Domingo de Soto. Allí estuvo en contacto con las grandes corrientes de reforma del momento.

    Primeros años de sacerdocio

    Durante sus estudios en Alcalá, murieron sus padres. Juan fue ordenado sacerdote en 1526, y quiso venerar la memoria de sus padres celebrando su Primera Misa en Almodóvar del Campo.

  • La ceremonia estuvo adornada por la presencia de doce pobres que comieron luego en su mesa. Después vendió todos los bienes que le habían dejado sus padres, los repartió a los pobres, y se dedicó enteramente a la evangelización, empezando por su mismo pueblo.

    Un año después, se ofreció como misionero al nuevo obispo de Tlascala (Nueva España), Fr. Julián Garcés, que habría de marchar para América en 1527 desde el puerto de Sevilla. Con este firme propósito de ser evangelizador del Nuevo Mundo, se trasladó san Juan de Ávila a Sevilla, donde mientras tanto se entregó de lleno al ministerio, en compañía de su compañero de estudios en Alcalá el venerable Fernando de Contreras. Ambos vivían pobremente, entregados a una vida de oración y sacrificio, de asistencia a los pobres, de enseñanza del catecismo.

    El arzobispo de Sevilla, D. Alonso Manrique le ordenó a Juan que se quedara en las ‘Indias’ del mediodía español. El mismo arzobispo quiso conocer personalmente la valía del nuevo sacerdote y le mandó predicar en su presencia.

  • Durante algún tiempo continuó en Écija (Sevilla). Uno de sus primeros discípulos y compañero fue Pedro Fernández de Córdoba, cuya hermana de catorce años, D.ª Sancha Carrillo (ambos hijos de los señores de Guadalcázar, Córdoba), comenzó una vida de perfección bajo la guía del Maestro Ávila. La que habría sido dama de la emperatriz Isabel, pasó a ser (después de confesarse con san Juan de Ávila) una de las almas más delicadas de la época y destinataria de las enseñanzas del Maestro en el Audi, Filia, preciosa pieza espiritual del siglo XVI y único libro escrito por Juan de Ávila. Su predicación se extendía también a Jerez de la Frontera, Palma del Río, Alcalá de Guadaira, Utrera…, juntamente con la labor de confesionario, dirección de almas.

    Procesado por la Inquisición

    Desde 1531 hasta 1533 Juan de Ávila estuvo procesado por la Inquisición. Y Juan fue a la cárcel donde pasó un año entero. Juan de Ávila no quiso defenderse y la situación era tan grave que le advirtieron que estaba en las manos de Dios, lo que indicaba la imposibilidad de salvación; a lo que respondió:

  • “No puede estar en mejores manos”. San Juan fue respondiendo uno a uno todos los cargos, con la mayor sinceridad, claridad y humildad, y un profundo amor a la Iglesia y a su verdad.

    Viajes y ministerio desde 1535 a 1554

    En 1535 marcha Juan de Ávila a Córdoba, llamado por el obispo Fr. Álvarez de Toledo. Allí conoce a Fr. Luis de Granada, con quien entabla relaciones espirituales profundas. Organiza predicaciones por los pueblos (sobre todo por la Sierra de Córdoba), consigue grandes conversiones de personas muy elevadas, entabla buenas relaciones con el nuevo obispo de Córdoba, D. Cristobal de Rojas, que quien dirigirá las Advertencias al Concilio de Toledo.

    La labor realizada en Córdoba fue muy intensa. Prestó mucha atención al clero, creando centros de estudios, como el Colegio de San Pelagio (en la actualidad el Seminario Diocesano), el Colegio de la Asunción (donde no se podía dar título de maestro sin haberse ejercitado antes en la predicación y el catecismo por los pueblos).

  • Córdoba es la diócesis de san Juan de Ávila. Predica frecuentemente en Montilla, por ejemplo la cuaresma de 1541. Y las célebres misiones de Andalucía (y parte de Extremadura y Castilla la Mancha) las organiza desde Córdoba (hacia 1550-1554). Juan recibiría en Córdoba el modesto beneficio de Santaella, que le vinculó a la diócesis cordobesa para lo restante de su vida. En el Alcázar Viejo de Córdoba reuniría a veinticinco compañeros y discípulos con los que trabajaba en la evangelización de las comarcas vecinas.

    A Granada acudió san Juan de Ávila, llamado por el arzobispo D. Gaspar de Avalos, el año 1536. Es en Granada donde tiene lugar el cambio de vida y conversión de san Juan de Dios; oyendo a san Juan de Ávila, Juan Cidad, antiguo soldado y ahora librero ambulante, se convirtió en san Juan de Dios.

    El duque de Gandía, Francisco de Borja, fue otra alma predilecta influida por la predicación de san Juan de Ávila;

  • las honras fúnebres predicadas por éste en las exequias de la emperatriz Isabel (1539) fueron la ocasión providencial que hicieron cambiar de rumbo la vida del futuro general de la Compañía.

    En Granada lo vemos formando el primer grupo de sus discípulos más distinguidos. En Granada también, en 1538 están fechadas las primeras cartas de san Juan de Ávila que conocemos. En los años sucesivos vemos a san Juan de Ávila en Córdoba, Baeza, Sevilla, Montilla, Zafra, Fregenal de la Sierra, Priego de Córdoba. La predicación, el consejo, la fundación de colegios, le llevan a todas partes.

    La cuaresma de 1545 la predicó en Montilla. Su predicación iba siempre seguida de largas horas de confesionario y de largas explicaciones del catecismo a los niños; éste era un punto fundamental de su programa de predicación.

  • Los colegios de san Juan de Ávila

    En todas las ciudades por donde pasaba, Juan de Ávila procuraba dejar la fundación de algún colegio o centro de formación y estudio. Sin duda, la fundación más célebre fue la Universidad de Baeza (Jaén). La línea de actuación que allí impuso era común a todos sus colegios, como puede verse plasmada en los Memoriales al Concilio de Trento, donde pide la creación de seminarios, para una verdadera reforma de la Iglesia y del clero.

    Predicando el Evangelio

    Es la definición que mejor cuadra a Juan de Ávila: predicador. Éste es precisamente el epitafio que aparece en su sepulcro: “mesor eram”. El centro de su mensaje era Cristo crucificado, siendo fiel discípulo de san Pablo. Predicaba tanto en las iglesias como incluso en las calles. Sus palabras iban directamente a provocar la conversión, la limpieza de corazón.

  • El contenido de su predicación era siempre profundo, con una teología muy escriturística. Pero ésta estaba sobre todo precedida de una intensa oración. Cuando le preguntaban qué había que hacer para predicar bien, respondía: ‘amar mucho a Dios’.

    La fuerza de su predicación se basaba en la oración, sacrificio, estudio y ejemplo. Podía hablar claro quien había renunciado a varios obispados y al cardenalato, y quien no aceptaba limosnas ni estipendios por los sermones, ni hospedaje en la casa de los ricos o en los palacios episcopales.

    Su modelo de predicador era san Pablo, al que procuraba imitar sobre todo en el conocimiento del misterio de Cristo. Afirma su biógrafo el Lic. Muñoz que “no predicaba sermón sin que por muchas horas la oración le precediese”, ya que “su principal librería” era el crucifijo y el Santísimo Sacramento.

  • La misión apostólica de la predicación era precisamente uno de los objetivos de la fundación de sus colegios de clérigos. Ésta era también una de las finalidades de los Memoriales dirigidos al Concilio de Trento.

    Retiro en Montilla

    Gastado en un ministerio duro, sintió fuertes molestias que le obligaron a residir definitivamente en Montilla desde 1554 hasta su muerte. Rehusó la habitación ofrecida en el palacio de la marquesa de Priego, y se retiró en una modesta casa propiedad de la marquesa.

    Su vida iba transcurriendo en la oración, la penitencia, la predicación (aunque no tan frecuente), las pláticas a los sacerdotes o novicios jesuitas, la confesión y dirección espiritual, el apostolado de la pluma.

  • La doctrina de san Juan de Ávila sobre el sacerdocio quedó esquematizada en un Tratado sobre el sacerdocio, del que conocemos sólo una parte, pero una belleza y contenido extraordinarios, y que sirvió de pauta para sus pláticas y retiros a clérigos, y para que sus discípulos hicieran otro tanto donde no podía llegar ya el Maestro.

    Escuela Sacerdotal

    Este término aparece con frecuencia en las primeras biografías de nuestro santo: predicar el misterio de Cristo, enderezar las costumbres, renovación de la vida sacerdotal según los decretos conciliares, no buscar dignidades ni puestos elevados, vida intensa de oración y penitencia, paciencia en las contradicciones y persecuciones, sentido de Iglesia, enseñar la doctrina cristiana, dirección espiritual, etc.

  • Los encontramos en los pueblecitos más alejados de pastores y agricultores como en las aldeas de Fuenteovejuna, como entre los consejeros de los grandes; en los colegios y universidades o en las costas de Andalucía; en las prelaturas o en las minas de Almadén.

    En sus discípulos dejó impresa la ilusión por la vocación sacerdotal, el amor al sacerdocio, con los matices de la vida eucarística, vida litúrgica y de oración personal profunda, devoción al Espíritu Santo, a la Pasión del Señor, a la Virgen María, entrega total al servicio desinteresado de la Iglesia en la expansión del Reino y la predicación de la Palabra de Dios.

    Pero lo que consideraba esencial en todo aquel que quería ser buen sacerdote era la vida de oración, ya que en la caridad y en la oración era en los que según él habrían de consistir los exámenes de Órdenes.

  • En la Santa Misa centraba toda la evangelización y vida sacerdotal. “Trátalo bien, que es hijo de buen Padre”, dijo a un sacerdote de Montilla que celebraba con poca reverencia; la corrección tuvo como efecto conquistar un nuevo discípulo. Su virtud principal fue la caridad. Tenía un amor entrañable a la humanidad de Cristo: “el Verbo encarnado fue el libro y juntamente maestro”.

    Una cruz grande de palo en su habitación de Montilla, la renuncia a las prebendas y obispados (el de Segovia y Granada), así como el capelo cardenalicio (ofrecido por Paulo III), son índice de la pobreza y humildad de quien “fue obrero sin estipendio…, y habiendo servido tanto a la Iglesia, no recibió de ella un real” (Lic. Muñoz).

    No renunció al episcopado por desprecio, sino por imitar al Señor y por sentirse indigno.

  • Su amor a la pobreza no tiene otra motivación sino un amor profundo a Jesucristo. Asistía a los pobres. Vivía limpia y pobremente y no consiguieron cambiarle el manteo o la sotana ni aun con engaño.

    Su humildad le llevó a ser un verdadero reformador. No pudieron sacarle ningún retrato. Su predicación iba siempre acompañada del catecismo a los niños; su método catequético tiene sumo valor en la historia de la pedagogía.

    El celo por la extensión del Reino aparece en sus obras y palabras. Las cartas a los predicadores son pura llama de apóstol. No admitía que murmurasen de nadie. La castidad la veía en relación al sacerdocio, principalmente como ministro de la Eucaristía. La devoción a María la expresa continuamente y la aconseja a todo el mundo.

  • De todas sus virtudes, de su prudencia, consejo, discreción, etc., hablan sus biógrafos. Entregado al estudio continuo de las Escrituras y de otras materias eclesiásticas, gastando su vida en la oración, predicación y fundación de obras apostólicas y sociales, en la dirección de las almas y en la enseñanza del catecismo, en la formación de sacerdotes y futuros sacerdotes, Juan de Ávila es un maestro de apóstoles.

    Doctorado

    Fue amigo de todos y padre en Cristo de muchos hombres de toda condición, nobles y humildes, sacerdotes y seglares; y maestro, a la vez, de santos, tales como san Juan de Dios, san Francisco de Borja, san Pedro de Alcántara, san Ignacio de Loyola, san Juan de Ribera, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Jesús.

  • El Audi, Filia fue publicado después de su muerte. El rey Felipe II lo apreció tanto que pidió no faltara nunca en El Escorial. Prácticamente es el primer libro en lengua vulgar que expone el camino de perfección para todo fiel, aun el más humilde.

    El sentido de perfección cristiana es el sentido eclesial de desposorio de la Iglesia con Cristo. Éste y otros libros de Juan influyeron posteriormente en autores de espiritualidad.

    Las cartas de Juan de Ávila llegaban a todos los rincones de España e incluso a Roma. De todas partes se le pedía consejo. Obispos, santos, personas de gobierno, sacerdotes, personas humildes, enfermos, religiosos y religiosas, eran los destinatarios más frecuentes. Las escribía de un tirón, sin tener tiempo para corregirlas. Llenas de doctrina sólida, pensadas intensamente, con un estilo vibrante.

  • A Juan de Ávila se le llama “reformador”, si bien sus escritos de reforma se ciñen a los Memoriales para el Concilio de Trento, escritos para el arzobispo de Granada, D. Pedro Guerrero, ya que Juan de Ávila no pudo acompañarle a Trento debido a su enfermedad, y a las Advertencias al Concilio de Toledo, escritas para el obispo de Córdoba, D. Cristóbal de Rojas, que habrían de presidir el Concilio de Toledo (1565), para aplicar los decretos tridentinos.

    El reconocimiento de su doctrina espiritual y, sobre todo, sacerdotal ha sido unánime a través de los tiempos. Sus contemporáneos le llamaban “maestro”.

    En 1946 el Papa Pío XII lo declaró patrono del clero secular español y lo propuso como modelo de perfección sacerdotal.

  • Juan de Ávila, siguiendo el ejemplo de Pablo de Tarso, al que tuvo siempre como modelo, fue un verdadero apóstol. En el Concilio de Trento, al que mandó sus Tratados de Reforma, puso todo su empeño en la renovación de las costumbres clericales, estableciendo colegios, parecidos en alguna manera a los Seminarios, y haciendo que los sacerdotes, como soldados formados para todo, saliesen bien preparados en toda ciencia y virtud.

    Además de un sabio maestro, fue un consejero experimentado. Sin duda alguna, toda su vida de sacerdote y apóstol la dedicó a conseguir la reforma que la Iglesia necesitaba en momentos de profunda crisis. Es una de las figuras más centrales y representativas del siglo XVI. Destacó por la calidad de su doctrina teológica y la sabiduría de sus consejos como guía espiritual en una época de grandes confusiones.

  • Lo mismo exponía desde el púlpito las Sagradas Escrituras, que enseñaba los rudimentos de la doctrina cristiana en lenguaje sencillo a los niños y aldeanos. Las innumerables cartas que escribió nos han dejado un elocuente testimonio de su santidad y de su sabiduría.

    A pedir consejo acudían a él en su retiro de Montilla o le escribían jóvenes buscando orientación y discernimiento vocacional, casados que pedían consejo, políticos y hombres de gobierno, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que buscaban una palabra de aliento o de luz. Santa Teresa de Jesús, “Doctora de la Iglesia”, le hace llegar su Libro de la Vida, explicando: “yo deseo harto se dé orden en cómo lo vea, pues con ese intento lo comencé a escribir; porque como a él le parezca voy por buen camino, quedaré muy consolada, ya que no me queda más para hacer lo que es en mí”. Y con el consejo recibido quedó plenamente satisfecha.

  • En Juan de Ávila se nota una cuidada formación tanto en los aspectos humanos e intelectuales como en los espirituales y pastorales. Era gran conocedor de la Sagrada Escritura, que continuamente citaba de memoria, de los Padres de la Iglesia, de los teólogos y de los autores de su tiempo.

    Estudia y difunde la doctrina de Trento para salir al paso de las opiniones de los reformadores, de las que estaba al tanto. Pero la fuente principal de su ciencia era la oración y la contemplación del misterio de Cristo. Su libro más leído y mejor asimilado era la cruz del Señor, vivida como la gran señal de amor de Dios al hombre. Y la Eucaristía era el horno donde encendía su ardiente corazón de apóstol.

    El magisterio de Juan de Ávila no terminó con su vida. Sus abundantes escritos han influido notablemente en la historia de la espiritualidad y de la renovación eclesial.

  • En la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) sus obras conocidas ocupan varios volúmenes. Se enumeran no menos de catorce ediciones y tres en otras lenguas en distintas épocas. Tuvo gran influencia en el Concilio de Trento. El Maestro Ávila pertenece a ese grupo de verdaderos re formadores que alentaron e iluminaron la renovación de la Iglesia en aquellos tiempos recios del siglo XVI.

    Sus escritos fueron fuente de inspiración para la espiritualidad sacerdotal. Ya en nuestro tiempo, Juan de Ávila ha sido una referencia para el clero diocesano, no sólo en España, sino también en otros países, particularmente en América. ”Maestro de evangelizadores” —apóstol de Andalucía le llamaban, por la evangelización que en ella realizara—, Juan de Ávila puede servir de modelo para llevar a cabo la nueva evangelización que hoy necesita el mundo.

  • Es también modelo de catequista. Sabe transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los misterios centrales de la fe y en su implicación en la vida cristiana, provoca la adhesión a Jesucristo y llama a la conversión. Y pionero en el ámbito de la educación y de la cultura.

    Fundó una universidad, dos colegios mayores, once escuelas y tres convictorios para formación permanente e integral de los sacerdotes. Sacerdotes, a los que había que formar desde la niñez.

Vida, explicada a un joven
  • La vida es como un camino, con sus etapas diarias que hay que ir superando. En ese caminar aparece siempre gente. Hay personas que van más a su “bola”, otros más abiertos, tímidos, implicados, comprometidos, los que van ligeros, los que les pesan los pies… pero sea como sea, no creo que nadie pase toda su vida sin tener un amigo.

    Hay gente superpopular que tiene muchos amigos, que vas con ellos por la calle y se paran con todos. Hay gente muy selectiva que elige bien sus amigos, Está el que es amigo de todos. Está el que siempre te la juega, pero aun así lo quieres. Hay otros que llevas siglos sin ver pero que sabes que puedes contar con ellos. Sea como sea, ¿sabes una cosa? La amistad la inventó Dios. Si, es algo muy querido por Dios. De hecho, Él tiene y ha tenido muchos amigos. Llega a decir en la Biblia “que el que tiene un amigo tiene un tesoro”. Adelante, a buscar tesoros.

    Os proponemos tener amigos aquí y allí. En el barrio, en el pueblo, amigos para salir, amigos para estudiar, amigos para hacer deporte… amigos cristianos y amigos que no lo son. Os proponemos tener amigos hasta… en el cielo (en el infierno NUNCA).

  • UN AMIGO DEL CIELO QUE PISÓ TIERRA

    Juan se llama. Nació hace 512 años en un pueblecito de Ciudad Real, que se llama Almodóvar del Campo. Curioso es que nació el día 6 de enero, el día de Reyes, ¡vaya regalo para sus padres!

    Su madre se llamaba Catalina –vaya nombrecito- y su padre Alfonso. Su padre era judío, convertido al cristianismo. Esto de ser hijo de padre judío le costó algún quebradero de cabeza en su vida.

    El chaval tenía una buena paga pues su padre era el dueño de unas minas de plata en Sierra Morena. De pequeñito ya apuntaba maneras de lo que sería de grande, le encantaba todo lo que tuviera que ver con la fe cristiana, aprendía con ganas el catecismo, llamaba la atención porque cada dos por tres entregaba su sayo nuevo a un niño pobre, o por sus prolongados ratos de oración, sus sacrificios, su devoción eucarística y a la Virgen María. Y es que este amigo del cielo era ante todo amigo de Dios.

    Cuidar lo que sembramos desde ya, desde jóvenes, en nuestra vida

  • LLEGA LA HORA DE IR A LA “UNI”

    Cuando tenía apenas 15 años, sus padres lo mandan a Salamanca a estudiar derecho. ¡Que joven!, pensarás. Cosas de la época. Allí estuvo cuatro añitos muy dedicados a estudiar.

    Vuelve a su pueblo, a Almodóvar, y comienza a plantearse cosas serias. Dedicaba muchos ratos a darle vueltas a la cabeza y a orar. Allí se apoyo en un sacerdote franciscano, con el que consultaba continuamente sus cosas. Cuando tenía 20 años, no tenía nada claro y decide sacar su segunda “carrera”, esta vez en Alcalá de Henares. Allí estará seis años dedicado a estudiar teología, Sabía que Dios quería algo de él, pues para qué perder más tiempo, mientras se aclaraba y no se aclaraba donde seguir a Dios a estudiar teología.

    Hay un franciscano que le orienta: dirección espiritual

  • UN TIPO QUE ES AMIGO DE SUS AMIGOS

    En Alcalá comenzó a rodearse de una buena pandilla. Gente un tanto especial que querían vivir de manera más auténtica, que estaban un poco hartos de cosas que veían en la sociedad del momento y también en la Iglesia de la época. Por ejemplo, un tal Pedro Guerrero, que con el tiempo será obispo de Granada (por cierto, un muy buen obispo), y también conoció a Fernando de Contreras y a un vasco llamado Ignacio, que después liará la más grande fundando una orden religiosa conocida como los Jesuitas. Por aquellos días Juan soñaba y soñaba con viajar a América. Estaba recién descubierta y oía continuamente historias del nuevo continente. Quería montarse en uno de esos barcos, y quería ser misionero.

    Durante esos días de estudios en Alcalá, murieron sus padres. Este hecho marcó un cambió enorme en su vida. Juan comienza a tomar unas decisiones fortísimas: se ordenó de cura, cuando tenía 26 años. Volvió a su pueblo a celebrar su primera misa y a ésta invitó a doce pobres, al banquete de celebración invitó a esos doce pobres. Volvió a su casa y al día siguiente vendió todos sus bienes (hasta la mina de plata) y ese buen dinerito lo dio enteramente a los pobres. Nada tenía. Y llega el momento de irse a América.

    Su amigo Fernando sabía que Juan valía muchísimo y quería para él otras cosas. Sabía que España necesitaba gente como él. Fernando habló con el Arzobispo de Sevilla y movió sus hilos para que tuviera Juan una entrevista con él. El Obispo de Sevilla quedó impresionado con este Juan de Ávila, y le convenció para que no viajara a América. Ya era sacerdote y se quedaba en Andalucía.

    Buenos amigos, buena pandilla, amigos que ayudan a estar cerca de Dios

  • MISIONERO DE ANDALUCÍA Y A LA CÁRCEL

    Durante algún tiempo continuó el ministerio juntamente con Fernando de Contreras. Pronto se dirigió a predicar y ejercer el ministerio en Écija, Jerez de la Frontera, Palma del Río, Alcalá de Guadaira, Utrera…, juntamente con la labor de confesionario, dirección de almas, arreglo de enemistades. Su presencia en Écija pronto le va a acarrear muchas envidias. Había por aquella época un cura muy famoso en aquel pueblo. Se le conocía por lo bien que hablaba. Era un pez gordo (su cargo era “comisario de bulas”). Sin embargo, un día la gente fue a escuchar a Juan de Ávila y a éste lo dejaron solo. Después de este hecho, el comisario de bulas, en plena calle, propinó una bofetada a Juan. Juan de Ávila se arrodilló y dijo humildemente: “emparéjeme esta otra mejilla, que más merezco por mis pecados”. Le tenía toda la manía del mundo y no tuvo otra cosa que denunciarlo ante la Inquisición.

    Desde 1531 hasta 1533 Juan de Ávila estuvo procesado por la Inquisición. Las acusaciones eran muy graves en aquellos tiempos, se inventó todo lo que pudo (llamaba mártires a los quemados por herejes, cerraba el cielo a los ricos, no explicaba correctamente el misterio de la Eucaristía, la Virgen había tenido pecado venial, tergiversaba en sentido de la Escritura, era mejor dar limosna que fundar capellanías, la oración mental era mejor que la oración vocal…) Cosas que nunca había dicho Juan de Ávila. Todo menos la verdadera acusación: aquel curilla llamado Juan no les dejaba vivir tranquilos en su cristianismo o en su vida de curas cómodos. Y Juan fue a la cárcel donde pasó un año entero.

    Sin miedo al que dirán, sin miedo a la humillación

  • DE LA CARCEL A CÓRDOBA

    Juan de Ávila no quiso defenderse y lo que hizo fue aprovechar el tiempo hasta que todo se aclarara. En ella escribió un libro –titulado Audi, Filia-, y se dedica a prepararse para su vuelta al mundo con muchos ratos de meditación y de oración. De la cárcel salió un cura mucho más fuerte de lo que ya era.

    Con 35 años va a ver al Obispo de Córdoba y ya se quedó vinculado para siempre a esta diócesis. Se recorrió los pueblos de Sierra Morena, que en aquel tiempo estaban muy dejados y alejados, haciendo misiones. Empezó a crear colegios, una Universidad la de Baeza en Jaén, inventó lo que hoy se conocen como “institutos nocturnos” para los campesinos… y su tarea empezó a dar frutos impresionantes. Uno de ellos es el siguiente: en Granada había un soldado de origen portugués con el que se topó. Este escucho al sacerdote Juan y cambio de vida. Se trataba del que conocemos como Juan de Dios, el de los hospitales. O en el funeral de la emperatriz Isabel, un niño rico llamado Borja lo dejó todo –riquezas, puestos y comodidades- y se hizo jesuita. Será uno de esos santos grandes grandes: San Francisco de Borja.

    Ingenio y muy trabajador, sabe que su vida es una y hay que aprovecharla

  • Y EN CÓRDOBA SE DESGASTÓ

    Poco a poco hay un buen grupo de curas que se pegan a Juan. Van con él a Córdoba, Baeza,Sevilla, Montilla, Zafra, Fregenal de la Sierra, Priego de Córdoba. Se dedican a recorrer estos sitios removiéndolos y dando a conocer una cosa. QUE SEPAN TODOS QUE NUESTRO DIOS ES AMOR. Nada de juicios inmisericordes, de Iglesia alejada de la gente, de doctrinas difíciles y complicadas, de curas vividores… Se dedican a enseñar, a dar consejos, a ayudar a la gente, a fundación de colegios, a confesar durante horas… El centro de su mensaje era Cristo crucificado. Le fascinaba san Pablo. Predicaba tanto en las iglesias como incluso en las calles. Sus palabras iban directamente a provocar la conversión, la limpieza de corazón. Muchas de sus homilías se conservan hoy.

    Ser santo es para todos, en todos los tiempos, también para cordobeses del 2012

  • EN MONTILLA PUSÓ SU CASA Y SU ESCRITORIO

    Poco a poco aparecieron los problemas de salud. Si es que no paraba. Se fue a Montilla cuando tenía 54 años y allí se quedó para siempre, en una casita que todavía se conserva. El retiro de Montilla le dio la posibilidad de escribir con calma: cartas, pensamientos, sobre distintos temas… si en otros tiempos se tiró a la calle a no parar de hablar de Dios, ahora no paró de escribir. Las cartas de Juan de Ávila llegaban a todos los rincones de España e incluso a Roma. De todas partes se le pedía consejo. Obispos, santos, personas de gobierno, sacerdotes, personas humildes, enfermos, religiosos y religiosas, eran los destinatarios más frecuentes. Las escribía de un tirón, sin tener tiempo para corregirlas. Llenas de enseñanzas y sabiduría, pensadas intensamente, con un estilo vibrante.

    Le consulta gente que a todos nos suenan: santa Teresa, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Juan de Dios, Pedro de Alcántara, Juan de Ribera, fray Luis de Granada. Casi todos estos llegarán a ser declarados santos. Y es que con sus consejos y la oración por ellos creó casi una escuela de santos.

    Este amigo nos estimula a buscar la santidad

  • CURA DE LOS CURAS

    Se convirtió en un cura para otros curas. En sus discípulos dejó impresa la ilusión por la vocación sacerdotal, el amor al sacerdocio, llenos de ganas por ser gente de oración, entregados sin reservas al servicio a la Iglesia. Creó una especie de “examen para curas”. Antes de ordenarse tenían que cumplir unos requisitos: tener una vida donde la oración fuera fundamental, que fueran gente llenos de caridad, especialmente con los más necesitados, y que tuvieran conocimientos, de modo que sus enseñanzas no fueran para aburrir a todos.

    Ya enfermo en Montilla, quiso ir a celebrar misa a una ermita; por el camino se sintió imposibilitado; el Señor, en figura de peregrino, se le apareció y le animó a llegar hasta la meta.

    La estancia definitiva en Montilla fue especialmente fructífera. Dejó una huella imborrable en los sacerdotes de la ciudad. En una de sus últimas celebraciones de la misa le habló un hermoso crucifijo que él veneraba: “perdonados te son tus pecados”. Pero la enfermedad iba pudiendo más que su voluntad.

    A principio de mayo de 1569 empeoró gravemente. En medio de fuertes dolores se le oía rezar. Juan de Ávila no hizo testamento, porque dijo que no tenía nada que testar. Pidió que celebraran por él muchas misas. Manifestó el deseo de que su cuerpo fuera enterrado en la iglesia de los jesuitas, y su cuerpo todavía hoy está en Montilla. Murió el 10 de mayo de 1569. Santa Teresa, al enterarse de la muerte de Juan de Ávila, se puso a llorar y, preguntándole la causa, dijo: “Lloro porque pierde la Iglesia de Dios una gran columna”.

  • SAN JUAN DE ÁVILA HASTA HOY

    La persona, los escritos, la obra y los discípulos de Juan de Ávila influirán en los siglos posteriores. Hemos visto los santos y autores que estuvieron relacionados más o menos con san Juan de Ávila; casi todos ellos influenciados por sus escritos, por su persona o por su obra: San Juan de la Cruz, Lope de Vega, San Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, san Antonio María Claret, Fray Luis de Granada etcétera, etcétera y etcétera.

    En 1894, el Papa León XIII lo beatifica. Pío XII, en 1946 lo declara Patrono de todos los curas españoles. En 1970 es declarado santo por el Papa Pablo VI. Y en 2012… ahora te lo cuento.

    Una iglesia en Montilla, conserva su cuerpo, y la pequeña casa donde vivió sus últimos años san Juan de Ávila es lugar de peregrinación de gente de todo el mundo.

    Y en 2012, hace unos días, el Papa Benedicto XVI lo ha declarado Doctor de la Iglesia. Para que nos entendamos se trata de reconocer que este santo es actual, que sus enseñanzas valen para hoy y para siempre, que hay gente en todos los siglos posteriores a su muerte que han encontrado en él un ejemplo, un estimulo y una luz fuerte para sus vidas. Quizás también para ti ha sido así.

Biografías editadas

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El Maestro Juan de Ávila

Se trata de una obra escrita por D. Baldomero Jiménez Duque. Va dirigida a un público que quiere asomarse a la figura de este gran personaje. Escrita con sencillez y a la vez con profunda unción. E…
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Juan de Ávila, un apóstol en camino

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Vida del P. Maestro Juan de Ávila

Esta edición recoge la primera biografía que se escribió del Santo Maestro, de la mano de Fray Luis de Granada. Este dominico fue gran amigo y discípulo de San Juan de Ávila. Los demás discípul…
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Introducción a la Obra

(De la postulación) Aunque el “Padre Maestro Ávila” fue, ante todo, un “predicador evangélico”, no dejó de hacer magistral uso de su pluma para exponer su pensamiento, e incluso su predicación. Es más, su influjo y memoria posterior, hasta nuestros días, están estrechamente relacionados no sólo con el testimonio de su persona y de su vida, sino con sus escritos. ¿Quién no relaciona a San Juan de Ávila, por ejemplo, con su magistral obra, el Audi, filia? ¿Quién no sabe que escribió los famosos Memoriales para el Concilio de Trento? ¿O que es el autor del Tratado del amor de Dios, aunque pudo estar retocado por sus discípulos? ¿O quien desconoce que quedaron escritos sus fervorosos Sermones, sus elocuentes Pláticas o su rico y variado Epistolario?.

Los escritos avilistas son muy distintos entre sí. El más sistemático, amplio y completo es, como bien sabemos, el Audi, filia. Los Escritos o tratados de reforma están relacionados con el concilio de Trento y con los sínodos provinciales que lo aplicaron, como el de Toledo, apuntando muy certeramente a la renovación personal y eclesial. Los Sermones y Pláticas, igual que el Epistolario, son escritos que abarcan casi todo el arco cronológico de su ministerio sacerdotal. Los comentarios bíblicos ―de la Carta a los Gálatas y de la Primera carta de Juan― son exposiciones sistemáticas de notable profundidad bíblica y de gran valor pastoral. El Catecismo cristiano es una síntesis pedagógica, para niños y mayores, del mensaje cristiano. El Tratado del amor de Dios refleja la interioridad de Cristo, el Verbo encarnado y redentor. El Tratado del sacerdocio es un compendio de los temas sacerdotales que se completan con las pláticas. Cuenta también con otros escritos espirituales menores, que consisten en orientaciones o Avisos para la vida espiritual.

Respecto a la publicación de estos escritos, el Maestro Ávila sólo hizo imprimir su Doctrina cristiana, o catecismo, en 1554 y preparó la edición definitiva del Audi, filia, que por razones diversas sería publicada en 1574, después de su muerte.

En general, puede afirmarse que los escritos fueron redactados, al menos de forma esquemática, por el propio Maestro. Todos ellos son genuinos. Pero, en ocasiones, sus discípulos se encargaron de transcribir algunos sermones y comentarios, introduciendo a veces ciertos retoques. La doble redacción de algunos textos puede ser debida a haber sido expuestos en diversos lugares, a la diversidad de copias que circulaban de mano en mano, o a las transcripciones aludidas.

Los escritos ofrecen contenidos bíblica y teológicamente muy profundos, siempre con un enfoque muy pedagógico en el uso de imágenes y ejemplos. Se siente al Maestro muy cercano, claro, nítido, invitando con sabiduría y entusiasmo a la vivencia del Evangelio. Obviamente, utiliza las expresiones culturales propias de su época, dejando entrever las circunstancias sociológicas y eclesiales. El tono es de suma confianza en el amor de Dios, pero llamando a la persona la perfección de la caridad. Su lenguaje es el castellano clásico, sobrio, concreto, de su tierra manchega de origen, a veces amalgamado con la imaginación y el calor meridional, ambiente en que transcurrió la mayor parte de su vida apostólica

Cosa nunca oída ni vista, que hallase Dios manera cómo, subiéndose al cielo, se quedase acá su misma persona por presencia real, encerrada y abreviada debajo de unos accidentes de pan y vino; y con inefable amor dio a los sacerdotes ordenados… que, diciendo las palabras que el Señor dijo sobre el pan y vino, hagan cada vez que quisieren lo mismo que el Señor hizo el Jueves Santo

(Sermón 35, 217)

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Señor… encumbraste tu amor, que no tiene tasa, y ordenaste por modo admirable cómo, aunque te fueses al cielo, estuvieses acá con nosotros; y esto fue dando poder a los sacerdotes para que con las palabras de la consagración te llamen, y vengas tú mismo en persona a las manos de ellos, estés allí realmente presente, para que así seamos participantes en los bienes que con tu Pasión nos ganaste; y le tengamos en nuestra memoria con entrañable agradecimiento y consolación, amando y obedeciendo a quien tal hazaña hizo, que fue dar por nosotros su vida.

La intención del Señor ésta fue; y la misa representación es de su sagrada pasión de esta manera: que el sacerdote, que en el consagrar y en los vestidos sacerdotales representa al Señor en su Pasión y en su muerte, que le representa también en la mansedumbre con que padeció, en la obediencia, aun hasta la muerte de cruz, en la limpieza de la castidad, en la profundidad de la humildad, en el fuego de la caridad que haga al sacerdote rogar por todos con entrañables gemidos, y ofrecerse a sí mismo a pasión y muerte por el remedio de ellos, si el Señor le quisiere aceptar.

Esta es la representación de la sagrada Pasión que en la misa se hace; y esto significa tender los brazos en cruz al sacerdote, el subirlos y bajarlos, sus vestiduras, y todo lo demás. Y con este representación, el Eterno Padre es muy agradado, el Hijo de Dios bien tratado y servido

(Tratado del Sacerdocio, 25-26)

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Cristo esta como “encerrado en un sagrario y encarcelado… por el grande amor que nos tiene. El mismo se deja prender… en cárcel de amor. Quítale el amor con que allá está, y verás que es incomportable estar donde está

(Sermón 43, 383)

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La mejor prenda que tenía te dejó cuando subió allá, que fue el palio de su carne preciosa en memoria de su amor

(Tratado del Amor de Dios, 14, 544)

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Encerró Dios en ese Sacramento santísimo todas sus maravillas pasadas… Pues aquí en el Sacramento hallaréis todo eso que ha ya tantos años que pasó; pues ésa es la virtud que tiene este santísimo Sacramento, como la que tenía el maná que cayó del cielo

(Sermón 41, 215)

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Y ofreciéndote a si de esta manera, haces al Señor más señalados servicios en esto que si mil mundos le dieses … Él mismo se ofrece a Dios en recompensa de que el mismo Dios se da a Él

(Sermón 43, 677 ss)

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¿Quién vio, quién oyó que Dios se diese en manjar a los hombres y que el Criador sea manjar de su criatura? ¿Quién oyó que Dios se ofreciese a ser deshonrado y atormentado hasta morir por amor de los hombres, ofendedores de El?

(Sermón 33, 20)

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Manso va el Señor y callado como un cordero, y con entrañas encendidas de amor para darnos lo que nos cumple; y todo lo que allí se ve y se cree nos convida a que nos lleguemos a El, a recebir de su mano el perdón y la gracia

(Sermón 36, 213ss)

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Pues ¿qué gracias te daré, Señor? ¿Cómo te alabaré por tal dádiva como ésta? ¿Dónde merecí yo tal honra? ¿Dónde me vino tal dignidad que quieras tú, Dios mío hacerme participante de ti? ¿Cuál de tus beneficios se puede igualar a éste? Grandísimo es el beneficio de tu encarnación, en el cual tuviste por bien de tomar mi humanidad en ti; mas aquí dasme la humanidad junto con la divinidad, para que, recibiéndola y encorporándola conmigo, venga a hacerme una cosa contigo

(Meditación del beneficio que nos hizo el Señor)

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Sacramento de amor y unión, porque por amor es dado, amor representa y amor obra en nuestras entrañas … todo este negocio es amor

(Sermón 51, 759)

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¿Qué cosa es una hostia consagrada sino una Virgen que trae encerrado en sí a Dios?

(Sermón 4, 329)

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Y así hay semejanza entre la santa encarnación y este sacro misterio; que allí se abaja Dios a ser hombre, y aquí Dios humanado se baja a estar entre nosotros los hombres; allí en el vientre virginal, aquí debajo de la hostia; allí en los brazos de la Virgen, aquí en las manos del sacerdote

(Sermón 55, 235/Carta 122)

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¡Oh maravilloso trueco el que con nosotros, Señor, heciste! Tomaste de nosotros nuestra flaca y mortal humanidad, dístenos en su lugar tu admirable y excelentísima dignidad. Verdaderamente todo el tesoro de tu gracias derramaste sobre nosotros, y abierto el corazón que tenías de padre, rompiste las venas de tu excelentísima caridad y dejástelas correr sobre nosotros

(Meditación del beneficio que nos hizo el Señor)

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¿Con qué agradecimiento serviremos a Dios esta merced? ¡Cuán grande ha de ser nuestra santidad y pureza para tratar a Jesucristo, que quiere ser tratado de brazos y corazones limpios, y por eso se puso en los brazos de la Virgen, y José fue también virgen limpísimo, para dar a entender que quiere ser tratado de vírgenes

(Sermón 4, 338/Carta 6, 88)

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¡Oh manjar divino, por quien los hijos de los hombres se hacen hijos de Dios y por quién vuestra humanidad se mortifica para que Dios en el ánima permanezca! ¡Oh pan dulcísimo, digno de ser adorado y deseado, que mantienes el ánima y no el vientre; confortas el corazón del hombre y no le cargas el cuerpo; alegras el espíritu y no embotas el entendimiento; con cuya virtud muere nuestra sensualidad, y la voluntad propia es degollada, para que tenga lugar la voluntad divina y pueda obrar en nosotros sin impedimento! ¡ Oh maravillosa bondad que tales mercedes quiso hacer a tan viles gusanillos! ¡Oh maravilloso poder de Dios, que así puso, debajo de especie de pan, su divinidad y humanidad y partirse él en tantas partes, sin padecer él detrimento en sí! ¡ Oh maravilloso saber de Dios, que tan conviniente y tan saludable medio halló para nuestra salud! Convenía, sin duda, que por una comida habíamos perdido la vida, por otra la cobrásemos, y que así como el fructo de un árbol nos destruyó a todos, así el fructo de otro árbol precioso nos reparase a todos. Venid, pues, los amadores de Dios y asentaos a esta mesa

(Meditación del beneficio que nos hizo el Señor)

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Fuente: Conferencia Episcopal Española; selección de Sergio Pérez, sacerdote diocesano de Zaragoza

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Introducción

Escritor y predicador ascético, patrono del clero español y desde el 7 de octubre de 2012, cuarto Doctor de la Iglesia en España y trigésimo cuarto Doctor de la Iglesia Universal.

Montilla se convirtió en el centro de su misión apostólica en Andalucía y tiene la gran suerte de tener a una figura que es patrón del clero secular español y que su Santidad el Papa Benedicto XVI, proclamó el 7 de octubre Doctor de la Iglesia Universal.

Esta ciudad se ha convertido en el epicentro de peregrinos que visitan sus restos guardados con cariño en la Basílica Pontificia dedicada a él, por ello hoy Montilla se puede llamar “Avilista”.

Los lugares a visitar son: Donde él enseñaba, rezaba, se reunía con sus discípulos, con san Juan de Dios, con san Francisco de Borja; donde escribía sus cartas a san Ignacio de Loyola y a santa Teresa de Jesús, sus tratados, sus memoriales; donde celebraba la eucaristía, oraba, hacía duras penitencias, se preparaba para predicar, daba sus grandes sermones, …. En definitiva, donde se formó a imagen de Cristo, los lugares en los que llego a ser tan gran santo, Doctor de la iglesia, Apóstol de Andalucía, Maestro de santos y patrono del Clero Secular.

Basílica Pontificia de San Juan de Ávila

Sepulcro relicario del Santo Maestro Juan de Ávila. Apóstol de Andalucía, y de la Casa nobiliaria de Aguilar (s. XVI).

Templo neoclásico del S.XVIII. Permaneció sin terminar hasta 1944. Se conserva el Mausoleo del Marquesado de Priego, retablos e imaginería barroca y moderna.

En esta Basílica de Montilla descansan sus restos que él mismo dejó como legado, a los padres Jesuitas.

Convento de Santa Clara

Guarda la memoria de hechos extraordinarios y numerosos recuerdos personales del Maestro espiritual de la Condesa de Feria, Sor Ana de la Cruz, y posteriormente de las Hnas. Clarisas.

Monumento Histórico Nacional. Edificado en el S. XVI por mandato del primer Marqués de Priego. Iglesia con portada gótico-plateresca y puerta con artesonado mudéjar: Retablo mayor churrigueresco (S. XVIII). En su interior se encuentra una de las joyas más importantes del patrimonio conventual andaluz.

Parroquia de Santiago

Centro de su ministerio sacerdotal en Montilla. Numerosos fieles acudían a oír su predicación y recibir sus consejos.

Templo del S. XVI. Restaurado en el S.XVII. Contiene Retablos, imágenes manieristas barrocas. Destacan Ecce Homo (Juan de Mesa el Mozo, S.XVII), San Francisco Solano (Pedro de Mena, SXVII). Crucificado mejicano de Zacatecas (S.XVI y pinturas y apostolado de José S. Garnelo (s. XX).

Casa de San Juan de Ávila

Oratorio y casa museo donde vivió y murió San Juan de Ávila (1569).

Conserva el aspecto original de una modesta vivienda del S. XVI. Reliquias, esculturas y pinturas de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Palacio de Medinaceli

En sus muros se forjó la gran amistad espiritual de San Juan de Ávila con los Marqueses y sus hijos; ésta fue decisiva para su obra.

Una vez demolido su castillo y residencia, en 1508, los marqueses de Priego y duques de Medinaceli construyeron el palacio en lo que hoy se conoce precisamente como Llano de Palacio, en él se hicieron obras desde el siglo XVI en adelante.

Ofrece un sencillo pero monumental proyecto, que todavía es deudor de la tradición manierista, aunque puede datarse en el siglo XVII. Hoy día es propiedad privada.

Centro Diocesano


Nuestra diócesis tiene la suerte de ser relicario de un insigne Doctor de la Iglesia universal y Maestro de santos: SAN JUAN DE ÁVILA.

Montilla es el lugar donde vivió los últimos años de su vida y donde murió. Allí se conserva buena parte de su historia.

El Centro Diocesano san Juan de Ávila es una fundación del Obispo de Córdoba para la gestión de todo lo referente a la Diócesis de Córdoba en cuanto “Diócesis de san Juan de Ávila” y su finalidad principal es dar a conocer cada vez más a san Juan de Ávila, promoviendo el estudio y la difusión de sus obras y el cultivo de
su espiritualidad y su talante pastoral.

Porque san Juan de Ávila es un santo para admirarlo y, sobre todo, para imitarlo: su entrega al Señor, su doctrina y ejemplo, su amor ardiente a Jesucristo, a la Iglesia, y a todos los hombres y mujeres necesitados de Cristo, único Camino, Verdad y Vida. Él nos estimula a vivir intensamente una amistad profunda con el Señor. Acercarnos a sus reliquias, a sus escritos, a sus recuerdos, es acercarnos a un lugar de gracia.

RUTA AVILISTA

Para conocer e introducirse en las obras, la memoria y la vida del Apóstol de Andalucía, ofrecemos la Ruta de san Juan de Ávila o Ruta avilista.

  • Comienza en las afueras del Palacio de Medina Celi. Entre sus muros se forjó una gran amistad entre san Juan de Ávila y los marqueses de Priego, junto con sus hijos. Él los llevó a Dios, y ellos lo trajeron a Montilla para que pasara los últimos años de su vida.
  • El convento de santa Clara guarda la memoria de hechos extraordinarios y numerosos recuerdos personales del Maestro. Allí se encontraba un alma privilegiada, escogida por el Señor, la condesa de Feria –la venerable sor Ana de la Cruz. Pero su ministerio no se redujo a ella, sino que también atendió con esmero y cariño a toda la comunidad de Clarisas.
  • La parroquia de Santiago Apóstol es testigo del ministerio sacerdotal de san Juan de Ávila en Montilla. Numerosos fieles acudían allí a escuchar sus predicaciones, confesar con él y recibir sus consejos.
  • Se conserva también la casa donde vivió y murió el santo Maestro con el mismo espíritu y aspecto original de entonces. Desde esta casa escribió numerosas cartas, los memoriales para el concilio de Trento, corrigió el Audi Filia y la vida de santa Teresa de Jesús. Recibió a muchos sacerdotes y personajes ilustres que venían de lejos a pedirle consejo y orientación para sus vidas. Dedicaba muchas horas a la oración en el oratorio de su casa. En ella murió el 10 de mayo de 1569.
  • Finalmente nos encontramos con la bellísima Iglesia de la Encarnación, actual Basílica Menor Pontificia de san Juan de Ávila, elevada a esta categoría por el papa Benedicto XVI en 2012. Allí se encuentran su sepulcro y sus reliquias, venerados por fieles y peregrinos, especialmente sacerdotes. Se siente de manera especial la intercesión de san Juan de Ávila cuando nos acercamos a sus reliquias y oramos ante él, rogando por la santidad de toda la Iglesia y, especialmente, por la santidad de los sacerdotes.
CASA DE ORACIÓN

Junto a la Basílica, hay una modesta casa de estudio y oración que cuenta con 5 habitaciones dobles, una capilla, un oratorio junto a las reliquias del Santo Maestro, una sala de estar y un pequeño comedor. Esta casa pretende acoger a todos aquellos que se quieran impregnar del espíritu y de la ciencia de san Juan de Ávila, especialmente sacerdotes.

LIBRERÍA RELIGIOSA SAN JUAN DE ÁVILA

También contamos con una sencilla librería religiosa donde poder adquirir las obras del Doctor del Amor Divino, los documentos del Magisterio de la Iglesia y otras publicaciones teológicas y pastorales, así como recuerdos y objetos litúrgicos y devocionales.

CASA DE CÁRITAS

Muy cerca de allí, y especialmente dirigida a grupos de niños, adolescentes y jóvenes, existe una casa-albergue, que además de ser sede de Cáritas parroquial, ofrece la posibilidad de compaginar retiros, convivencias y actividades lúdicas y de tiempo libre con el acercamiento al santo Maestro.

Tiene capacidad para 75 personas en habitaciones con literas, capilla, salas de reuniones y buhardilla. Esta casa también alberga en sus instalaciones el Comedor Social de san Juan de Ávila, que abre sus puertas a todo el que allí se acerca en busca de alimento.

Teléfono

957 650 232

Jornadas de formación

04 ministros de la misericordia

Ministros de la Misericordia

El sacramento de la confesión en San Juan de Ávila Las censuras reservadas a la Sede Apostólica El sacramento de la penitencia La confesión y la dirección espiritual